Aprender inglés no depende sólo de estudiar gramática o memorizar vocabulario. Para muchos especialistas, la diferencia aparece cuando el idioma deja de ser una asignatura y se transforma en una herramienta cotidiana. En ese contexto, las experiencias de estudio en el extranjero durante la etapa escolar se han consolidado como una alternativa que combina aprendizaje, inmersión cultural y desarrollo personal.

El desafío no es menor en Chile. Según el EF English Proficiency Index 2025, el país se ubica en el puesto 54 a nivel mundial y dentro de la categoría de dominio “moderado” del inglés. En la misma medición, el tramo de 18 a 20 años aparece por debajo de otros grupos etarios adultos del país, lo que evidencia brechas en confianza y uso efectivo del idioma entre los más jóvenes.

Desde la mirada pedagógica, una de las principales ventajas de vivir una temporada en otro país es la necesidad real de comunicarse. María Francisca Kelly Pérez (conocida como “Kika” en redes sociales), profesora de inglés, magíster en Lingüística Aplicada, fundadora de Bukku Education y quien viajó a Nueva York a través de un programa de EF Education First, explica que muchos estudiantes pasan años aprendiendo inglés en Chile, pero no siempre desarrollan seguridad para hablarlo. “Cuando el idioma se vuelve necesario para resolver lo cotidiano, interactuar y desenvolverse día a día, el aprendizaje se acelera de forma natural”.

La especialista agrega que la diferencia también está en la exposición al idioma. “En una sala de clases tradicional, normalmente sólo el profesor habla en inglés y gran parte de las interacciones ocurren en español. En una experiencia de inmersión, en cambio, las horas de contacto con el idioma se multiplican, lo que permite avances más rápidos y profundos”.

Pero los beneficios no se limitan al aprendizaje lingüístico. Este tipo de programas suele tener un impacto importante en la autonomía, la responsabilidad y la autoestima de los estudiantes. Según María Francisca, los jóvenes que participan en intercambios de seis meses o un año no sólo regresan con mejor nivel de inglés, sino también más seguros de sí mismos, más independientes y con mayor conciencia de sus propias capacidades.

A esto se suma el componente cultural. Viajar a temprana edad expone a los estudiantes a nuevas costumbres, formas de vida y perspectivas. La experiencia favorece la empatía, la flexibilidad y una mirada más amplia del mundo, habilidades que suelen acompañarlos durante su desarrollo académico y personal.

En Chile, una de las alternativas para vivir este tipo de experiencias es “Cierra tu Año en el Extranjero”, programa de EF Education First que permite a los estudiantes terminar su año escolar en Chile y luego realizar un período académico fuera del país. Esta modalidad cuenta con respaldo normativo del Ministerio de Educación a través del Decreto 112, que regula este tipo de experiencias educativas internacionales.

Según explica Javier Droguett, Country Manager de EF en Chile, este tipo de programas tiene efectos que van más allá del idioma. “Mientras más jóvenes somos, mayor es la neuroplasticidad del cerebro, lo que facilita captar pronunciaciones, matices y significados implícitos con mayor rapidez”, señala.

Droguett agrega que muchos estudiantes parten pensando en mejorar su inglés, pero descubren que gran parte del valor está en el crecimiento personal que experimentan durante el proceso. Enfrentarse a un entorno nuevo, convivir con otras culturas y desenvolverse lejos de casa suele traducirse en mayor madurez y autonomía.

La seguridad es otro de los aspectos que más preocupa a las familias. En ese sentido, los programas contemplan diversas medidas para acompañar a los estudiantes durante su estadía. Entre ellas se incluyen seguro de salud y viaje, traslados desde y hacia el aeropuerto, alojamiento supervisado, horarios controlados por el staff y acompañamiento permanente del equipo académico y de bienestar.

En el caso de estudiantes de entre 13 y 15 años, además, los grupos viajan acompañados por un líder de EF, mientras que los padres pueden seguir el progreso académico y la experiencia de sus hijos a través de una aplicación, además de contar con protocolos de salud y emergencia durante toda la estadía.

Actualmente EF cuenta con 55 escuelas y programas en más de siete idiomas, lo que permite a los estudiantes convivir con jóvenes de distintas nacionalidades y acceder a una experiencia cultural difícil de replicar en otros contextos educativos.

En un escenario donde el aprendizaje del inglés continúa siendo un desafío en Chile, este tipo de experiencias comienza a consolidarse como una alternativa que combina formación académica, inmersión lingüística y desarrollo personal en una etapa clave de la vida escolar.

 

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Equipo Prensa
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