En un escenario internacional marcado por la volatilidad del precio del petróleo, Chile enfrenta una decisión inevitable respecto del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles. Las alternativas que se discuten son dos: eliminarlo de manera paulatina o hacerlo de forma abrupta. Cualquiera sea el camino, lo cierto es que los dueños de la carga deberán enfrentar un desafío logístico significativo, ya que el alza en los costos del combustible inevitablemente se trasladará a las tarifas de transporte.
Este impacto será particularmente sensible para quienes dependen del transporte por camión, especialmente pequeñas y medianas empresas. Para muchas de ellas, el aumento del precio del petróleo se traducirá en tarifas de flete considerablemente más altas que las actuales. En cambio, quienes utilizan el tren podrán amortiguar en mayor medida este shock de costos.
En este contexto, se abre una oportunidad para revisar la eficiencia del sistema logístico nacional. Una alternativa es fortalecer la aplicación de la ley de cabotaje, ya que el transporte marítimo permite movilizar grandes volúmenes de carga, distribuyendo el costo del combustible entre un mayor número de unidades transportadas.
En términos simples, Chile debiera avanzar hacia un uso más estratégico de los distintos modos de transporte: primero el marítimo, luego el ferroviario y finalmente el transporte por camión. Esta lógica permitiría enfrentar de mejor manera los efectos del alza del petróleo, especialmente en un contexto internacional donde los conflictos geopolíticos presionan los mercados energéticos.
La explicación económica es clara. En el transporte marítimo, el factor de ajuste por combustible forma parte de la tarifa final, pero el volumen de carga que moviliza un barco permite diluir ese costo. Algo similar ocurre con el tren. No sucede lo mismo con el camión, donde un solo contenedor absorbe directamente el impacto del combustible. Además, muchas empresas de transporte terrestre son pymes, lo que limita su capacidad de distribuir el aumento de costos en una flota mayor.
Frente a este escenario surge una pregunta clave: ¿Qué puede hacer la logística para interrumpir la cadena de transmisión de la inflación?
Una respuesta posible es promover un análisis profundo del sistema logístico nacional, identificando los modos de transporte más eficientes disponibles. De esta forma, el país podría enfrentar los ciclos de alza del petróleo con una red logística más robusta y resiliente.
En este desafío, la Región del Biobío tiene un rol estratégico. Su condición portuaria, su infraestructura logística y la experiencia acumulada en comercio exterior la posicionan como un territorio especialmente preparado para avanzar en soluciones que mejoren la eficiencia del sistema logístico nacional.
Desde el Centro de Investigación Marítimo Portuario (CIMP) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción creemos que la Región cuenta con las capacidades técnicas, académicas y productivas para contribuir activamente a este debate. Optimizar el uso del transporte marítimo, ferroviario y terrestre no solo es una oportunidad para mejorar la competitividad del país, sino también para avanzar hacia una logística más resiliente frente a los ciclos energéticos globales.
Fortalecer la eficiencia logística es, en definitiva, una tarea país. Pero también es una oportunidad para que regiones como el Biobío lideren las soluciones que Chile necesita para enfrentar los desafíos de su desarrollo exportador.





















