En los últimos años, la violencia escolar se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la comunidad educativa chilena. Karen Pastene, rectora del Colegio John John High School, reflexiona sobre las causas de este fenómeno y comparte la experiencia de su establecimiento en la construcción de una convivencia basada en el respeto, la empatía y el amor cristiano.
Un problema que refleja tensiones sociales y estructurales
Según Pastene, la violencia en los colegios no puede entenderse como un problema individual, sino como la expresión de tensiones sociales, emocionales y estructurales que afectan la vida de niños, niñas y adolescentes en el país.
“Enfrentamos desigualdad, entornos familiares estresados, inseguridad, cambios culturales y fenómenos como la migración o la discriminación”, explica. A esto se suma el impacto emocional de la pandemia, que dejó secuelas en la salud mental de los estudiantes: ansiedad, dificultades para socializar y pérdida del diálogo respetuoso.
La rectora también destaca las limitaciones del sistema educativo para abordar el tema: altos ratios de estudiantes por profesor, escasa formación docente en habilidades socioemocionales y falta de articulación con redes de apoyo externas. Un equipo PIE no es suficiente.
Nuestros niños y adolescentes requieren acompañamiento más allá del aula o colegios, se requiere potenciar en apoyo de la red de salud pública, con profesionales externos destinado a nuestra juventud y su acompañamiento pisco socioemocional con terapeutas ocupacionales, y/ o especialistas en salud mental que colaboren activamente con nuestros niños/as y adolescentes y vinculado con las comunidades escolares en:
- Proveer herramientas focalizadas y concretas de socialización y autorregulación emocional.
- Brindar diagnósticos y tratamientos oportunos.
- Establecer seguimientos continuos que permitan acompañar a cada estudiante desde su realidad.
«No es fácil, estoy de acuerdo. Sin embargo, es uno de los tantos desafíos que se requiere para acompañar a nuestras futura generaciones», agrega.
Un enfoque restaurativo y formativo
Frente a este escenario, John John High School ha desarrollado un enfoque integral que entrelaza convivencia educativa, inclusión y educación cristiana. “Cada estudiante es un ser integral —cuerpo, alma y espíritu— y debemos cuidar también su mundo emocional y relacional”, señala Pastene.
El colegio trabaja bajo el modelo del *Buen Trato y la Alegría*, que guía tanto la prevención como la respuesta ante los conflictos. Las medidas ante situaciones de violencia incluyen acompañamiento emocional, entrevistas con familias, acciones reparatorias y charlas formativas, priorizando siempre lo formativo sobre lo punitivo.
Desde la educación cristiana, el colegio promueve valores como el amor al prójimo, el perdón, la justicia y la empatía. “Nos guiamos por el mandamiento ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Lc. 10, 27), lo que se traduce en una pedagogía del amor y la dignidad”, afirma la rectora.
La alianza hogar-escuela como pilar de la convivencia
Para Pastene, la construcción de una cultura de paz y buen trato requiere el compromiso de toda la comunidad educativa. “La convivencia no es responsabilidad exclusiva del colegio. Es una tarea compartida donde estudiantes, docentes, asistentes y familias cumplen un rol clave”, sostiene.
El establecimiento fomenta una alianza activa con los hogares, mediante talleres, comités de buena convivencia y espacios de formación continua. “La familia es el primer espacio de socialización. Cuando colegio y hogar trabajan unidos, el mensaje se refuerza: respeto, diálogo y empatía”, añade.
Además, el colegio promueve la participación estudiantil y redes de apoyo entre pares, fortaleciendo el liderazgo positivo y el sentido de pertenencia. “Esta corresponsabilidad es parte central de nuestro Proyecto Educativo y de nuestra identidad como comunidad cristiana, inclusiva y formativa”, concluye Pastene.
Colegio John John High School, Ñuñoa, Santiago RM | colegiojohnjohn.cl





















