• La Facultad de Educación de la UDD ha dejado a disposición de la comunidad educativa material con buenas prácticas pedagógicas que permiten a los profesores abordar los desafíos del  aula y analizar y mejorar su enseñanza para impactar positivamente en el aprendizaje de sus estudiantes. Aquí una lista de algunas de ellas que ejemplifican cómo podrían utilizarse y en qué circunstancias. 

Crear ambientes de aprendizajes reales, planificar pensando en las necesidades de cada estudiante, evaluar efectivamente, comprometerse con el desarrollo profesional, trabajar con la familia y comunidad; son solo algunos de los desafíos del rol docente de hoy. Para eso se requieren herramientas pedagogías claves y para ello la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo ha creado para libre disposición el Observatorio de Buenas Prácticas Pedagógicas, esta plataforma es gratuita y contribuye a la actualización docente mediante el análisis, observación, producción y difusión de recursos de prácticas pedagógicas efectivas. 

La plataforma ofrece documentos con minuciosos detalles de lo que es, de lo que no es cada una de las prácticas, y estrategias concretas para implementarlas, además de videos en donde se muestran clases reales en donde se aplican las buenas prácticas con niños en sus clases. “Estos recursos les permite a los docentes en formación y a los docentes en ejercicio mejorar sus propias prácticas pedagógicas a través de la comparación y análisis de buenos modelos pedagógicos”, dice María Luisa Salazar coordinadora principal del Observatorio de Buenas Prácticas Pedagógicas de la UDD y Directora de la Carrera de Pedagogía en Educación de Párvulos con Menciones. 

Los recursos son diversos, desde prácticas de alto impacto, basados en un modelo pedagógico desarrollado en la Universidad de Michigan y adaptado al contexto nacional a otras realizadas por los académicos de la facultad relacionadas con áreas de interés propias de la institución como buenas prácticas éticas; en aprendizaje al aire libre, en inclusión y desarrollo socioemocional. 

Aquí hay algunos desafíos comunes que pueden enfrentar día a día los profesores en la sala de clase y pequeños consejos para abordarlos que pueden encontrarse con mayor profundidad en el Observatorio. 

  • DIAGNOSTICAR PATRONES COMUNES

Hay algunos errores específicos de una disciplina que se repiten o que son comunes entre los estudiantes. Aquí hay que trabajar con algunas estrategias relacionadas con las teorías implícitas que están arraigadas en el razonamiento. Por ejemplo, evidenciar patrones comunes de pensamiento a través de problemas matemáticos que apunten a errores comunes de procedimiento, hacer preguntas en historia que apunten a prejuicios y sesgos habituales, o plantear preguntas científicas que apunten a saltos lógicos.

“Es importante como profesor preocuparnos de visibilizar las teorías implícitas de los estudiantes, con el fin de favorecer su comprensión e impactar profundamente en su aprendizaje”, comenta Salazar. 

  • ESTABLECER Y GESTIONAR EL TRABAJO EN GRUPOS PEQUEÑOS

Algo que puede ocurrir frecuentemente en la formación de grupos es que cada alumno esté haciendo la misma tarea de forma individual. Para evitar esto y establecer y gestionar el trabajo de los estudiantes en grupos pequeños el profesor debe asignar roles claros a los miembros de cada grupo y rotarlos de vez en cuando; establecer una meta común; crear grupos diversos, compuestos por estudiantes con distintos niveles de habilidad en diferentes áreas; y realizar un acompañamiento del trabajo de los estudiantes promoviendo, que, ante un desacuerdo, lleguen a un consenso. 

  • INCORPORAR EL USO DEL JUEGO ARRIESGADO

¿Sabías que Ofrecer oportunidades de juegos desafiantes en los que niños y niñas enfrenten riesgos acotados tiene diversos beneficios para el aprendizaje? En el observatorio hay recursos que dan guía de cómo implementarlos y mediarlos, conocer los tipos de juegos con desafíos y la distinción con el peligro, comprender estrategias para diseñar experiencias y ambientes de aprendizaje que los promuevan, además de cómo mediar con la familia las aprehensiones comunes, sobretodo cuando hablamos de niños más pequeños. “Esta práctica, entre varios beneficios, apoya el desarrollo de habilidades de evaluación de riesgos, da oportunidades de adquirir y pulir habilidades motoras; apoya el desarrollo de la autonomía y de resiliencia”, comenta Salazar.

  • ¿CUÁNTO APRENDIERON?

Salazar cuenta que una pregunta recurrente entre profesores es si, ¿después de la clase, los estudiantes adquirieron realmente el conocimiento entregado?. ¿Cómo lograr verificar la comprensión al final de la clase para saber lo que comprendieron, de acuerdo al objetivo planteado? En el observatorio, se plantean diversas estrategias para saberlo. Una de ellas es la rutina 3,2,1, que puedes adaptar según la clase, por ejemplo: Anota 3 nuevos aprendizajes, 2 palabras nuevas y 1 pregunta duda que te quedó. Otra es el Chequeo de objetivos, en la que se retoma el objetivo de la clase y se le pide a los estudiantes que escriban, comenten con un compañero o compañera o expresen oralmente lo que aprendieron en relación a ese objetivo. 

  • HACER VISIBLE EL PENSAMIENTO DE LOS ESTUDIANTES

Otra gran duda que surge entre los profesores es si los estudiantes están comprendiendo lo que les está enseñado y conocer sus procesos. ¿Cómo podemos hacer visible lo que están pensando? Existen diversas estrategias para que nuestros estudiantes externalicen su razonamiento. Una de ellas es hacer preguntas como “¿Qué fue lo que hiciste primero?” o “¿Qué pasos seguiste para llegar a esa respuesta?”. Otra estrategia consiste en establecer rutinas de pensamiento, en base a preguntas con distintos objetivos que les permitan describir, razonar de a dos, analizar o conectar ideas a su conocimiento previo, entre otras habilidades. “Es importante que los profesores adquieran prácticas para elicitar el pensamiento de sus estudiantes y promover un aprendizaje más profundo en ellos”, dice Salazar.

  • EXPLICAR Y MODELAR CONTENIDOS

Es común que tras haber explicado una y otra vez la solución de un problema o el paso a paso de un proceso complejo los estudiantes siguen confundidos acerca de cómo se llegó a esa conclusión, lo que dificulta la transferencia del conocimiento a otros contextos. Para procedimientos más complejos es necesario que el profesor pueda explicar a la vez que demuestra con ejemplos o representaciones  las estrategias de resolución que utiliza. Pensar en voz alta es una estrategia para modelar  situaciones como estas. ¿Cómo? verbalizando sus pensamientos mientras vas modelando la realización de una tarea, expresando en voz alta lo que estás pensando, lo que estás intentando hacer, cómo lo estás haciendo y por qué lo estás haciendo de esa manera, explica Salazar. 

Para más recursos visita la página https://buenaspracticaspedagogicas.udd.cl/

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Equipo Prensa
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