La noción de una Internet completamente segura es, en muchos aspectos, una utopía inalcanzable. Aunque anhelemos un espacio digital exento de amenazas, la realidad nos confronta con la complejidad inherente a la sociedad digital contemporánea. Este desafío, similar a la reflexión de Tomás Moro en su obra “Utopía”, nos invita a reconocer la inevitabilidad de ciertos riesgos.

En los últimos tiempos, diversas instituciones, con especial énfasis en la Comunidad Europea, han dedicado recursos significativos para fomentar la seguridad en Internet. La rápida adopción de inteligencia artificial, la inmersión en el metaverso y la exploración de mundos virtuales han ampliado la superficie de exposición a potenciales amenazas, en el contexto de la transformación digital que se vive hoy.

A pesar de los desafíos, persisten personas comprometidas –con un verdadero espíritu digital quijotesco- que buscan vencer a los gigantes imaginarios de la inseguridad cibernética a través de la educación. La esperanza reside en la construcción de una cultura que abrace el lema “Juntos por una mejor internet”, en honor al día Internacional por una Internet Segura que se recuerda cada 6 de febrero.

Esta seguridad en Internet no es una responsabilidad exclusiva de los expertos, sino una tarea colectiva que la sociedad debe abrazar. La transmisión de recomendaciones adecuadas, especialmente a aquellos que inician su travesía en la web, es esencial. La conciencia sobre los riesgos asociados con la navegación digital debe ser cultivada desde los primeros pasos en línea.

Espacio digital más resiliente 

Numerosas recomendaciones pueden fortalecer la seguridad en la red, desde la salvaguarda de contraseñas hasta la utilización de un software adecuado. Sin embargo, estas medidas resultan insignificantes si no van acompañadas de actitud consciente y cuidadosa al navegar por la vastedad del ciberespacio. Este enfoque refleja la lección aprendida en la infancia, donde la comprensión empírica de los peligros era fundamental.

La seguridad digital es un compromiso diario: la fortaleza de la cadena depende de cada uno de sus eslabones. No sólo debemos resguardar nuestra propia información, sino que también colaborar para proteger a quienes nos rodean. El impacto de una amenaza digital recae más allá de la víctima directa, llegando –incluso- a gran parte de su entorno.

Alcanzar una Internet totalmente segura puede ser una meta utópica, pero mediante la educación, la conciencia y la responsabilidad colectiva podemos edificar un espacio digital más resiliente y protegido. La seguridad en Internet no es sólo un requerimiento de algunas o algunos, sino una necesidad colectiva que define la integridad de nuestra sociedad digital.

 

Miguel Sanhueza, académico Departamento de Electricidad, Facultad de Ingeniería de la Universidad Tecnológica Metropolitana, UTEM.

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