En los territorios rurales del Cono Sur, la innovación educativa no siempre llega en forma de tecnología o infraestructura moderna. A veces nace desde lo más esencial como lo es el contacto directo con la naturaleza. En las escuelas multigrado, el entorno natural deja de ser un paisaje para convertirse en aula, laboratorio y fuente de inspiración pedagógica.
En este contexto destaca la experiencia del profesor Eduardo Jaime Muñoz, docente rural y educador ambiental con más de 16 años de trayectoria en escuelas multigrado de Monte Patria, Región de Coquimbo, Chile. Su propuesta combina educación al aire libre, saberes locales e innovación pedagógica para resignificar el aprendizaje en contextos rurales.
El territorio como motor de innovación pedagógica
Con un Posdoctorado en Economía del Conocimiento y Desarrollo Regional Sustentable por el Instituto Global de Investigación Transdisciplinaria de Mexico y la World Christian University, de Florida, Estados Unidos el profesor Eduardo Jaime, ha desarrollado un modelo educativo centrado en la Educación Basada en Naturaleza y el Aire Libre.
Su enfoque propone innovar desde el territorio, integrando el curriculum oficial con experiencias vivenciales al aire libre. Las ciencias se aprenden observando ecosistemas locales, la matemática se aplica en la medición de cultivos en la huerta escolar; el lenguaje se fortalece narrando historias campesinas, y la historia cobra sentido al dialogar con la memoria de la comunidad.
Esta innovación no depende exclusivamente de recursos tecnológicos, sino de una transformación metodológica, pasando de una clase expositiva al aprendizaje experiencial, activo y colaborativo
Aula abierta: la naturaleza como laboratorio de aprendizaje
Uno de los pilares de esta propuesta es la huerta escolar, concebida como un espacio de experimentación permanente. Allí, los estudiantes observan los ciclos del maíz, los porotos y los zapallos, comprendiendo procesos biológicos desde la práctica directa.
Asimismo, se rescata el valor de los sistemas agrícolas ancestrales como la Milpa, integrando biodiversidad, cooperación y equilibrio ecológico. Esta articulación entre tradición e innovación permite que los saberes locales dialoguen con el conocimiento científico contemporáneo.
Las salidas pedagógicas a cerros, quebradas y campos fortalecen la curiosidad, el pensamiento crítico y el desarrollo socioemocional. Aprender al aire libre estimula la creatividad, la autonomía y el trabajo colaborativo competencias claves para el siglo XXI.
Comunidad, sostenibilidad y futuro
La educación al aire libre también fortalece el vínculo escuela y la comunidad. Agricultores, crianceros y familias participan activamente en los procesos formativos, aportando conocimientos prácticos y culturales que enriquecen la experiencia educativa.
En territorios del Cono Sur que afrentan desafíos como la crisis climática y la migración rural, esta propuesta representa una innovación social y educativa. No solo mejora la calidad de los aprendizajes, sino que promueve la identidad territorial, la residencia comunitaria y el compromiso con el desarrollo sostenible.
Liderazgo docente que inspira transformación
La experiencia de Eduardo Jaime Muñoz demuestra que la innovación educativa puede surgir desde los contextos rurales, donde la creatividad y el compromiso docente marcan la diferencia. Su trabajo evidencia que educar al aire libre no es una actividad complementaria, sino una estrategia pedagógica integral que articula conocimiento, cultura y sostenibilidad.
En el Cono Sur, experiencias como esta están redefiniendo el sentido de la escuela rural, innovar desde la naturaleza, enseñar desde la experiencia y formar generaciones capaces de cuidar, valorar y transformar sus territorios.
A continuación, puedes ver el trabajo del Profesor Eduardo Jaime a través del siguiente video gravado por el Ministerio de Educación de Chile.





















