• En el Mes del Libro, experta en literatura infantil y juvenil del rubro editorial analiza y reflexiona sobre cómo las contingencias sociales cobran adeptos a la hora de escoger material para leer.

 

Las tendencias sobre qué leer van cambiando con el tiempo y son una respuesta a los estímulos del entorno. Sin embargo, lo que busca la lectura es gatillar un proceso de pensamiento crítico, informar para luego analizar, debatir y generar consciencia entre niños y jóvenes en desarrollo. Actualmente, la lectura predilecta entre el público estudiantil chileno se concentra en la emergencia climática, las migraciones y la violencia.

 

Así lo plantea Sandra Alonso, Coordinadora de Literatura Infantil y Juvenil de Santillana Chile, quien comenta que, en general, “las lecturas son elegidas para informarse, contrastar realidades y nutrir la mirada de un niño y un joven, para que desarrolle su espíritu crítico y forme su propia opinión”. No obstante, “aún hay sectores que no abordan temáticas por evidentes o necesarias que sean, por lo que cuesta incluir lecturas que tengan temáticas de abuso, derechos humanos, orientación sexual e identidad de género, entre otros tópicos tan relevantes para la sociedad actual”, advierte.

 

En el Mes del Libro, plantea que durante la etapa escolar no solo es importante entregar contenidos académicos concretos como los ligados a matemáticas, ciencias, historia y conocimientos técnicos del lenguaje, sino que además hay que educar en aspectos sociales, forjando un espíritu de consciencia que enseña a considerar contextos y culturas diferentes; todo, con el objetivo de enriquecer la mirada analítica y comprensiva del futuro adulto. “Es distinto hablar de inclusión a leer de inclusión, o de acoso, o de pueblos originarios. Al leer, se accede a un nivel de comprensión más profundo y a la vez más lúdico, donde el estudiante puede reconocer a través de situaciones y ejemplos –aunque ficcionalizados- otras realidades u otras maneras de concebir la realidad, más allá de los estándares de ‘normalidad’ que le han sido inculcados, incluso de manera inconsciente”, explica la experta en pedagogía, quien agrega que muchas de estas miradas están presentes en piezas de literatura clásica que cuentan con adaptaciones para jóvenes lectores.

 

Somos una sociedad que está viviendo una transición, tanto en términos sociales como en cuanto a los efectos colaterales de la pandemia. “Leer sobre estos temas ayuda a procesar internamente las propias emociones y conclusiones respecto de cómo estas situaciones afectan a cada niño y su entorno”, argumenta Alonso, quien puntualiza que “la lectura es una poderosa herramienta y por ello, es el momento de abrir los espacios, de generar puentes de encuentro, entre la maravillosa y mágica posibilidad que genera la literatura; abrir un libro es abrir una cortina para que entre la luz”.

 

Finalmente, la experta en Literatura, ejemplifica con algunos libros relacionados, como es el caso de “Matilde” de Carola Martínez Arroyo, el que aborda los derechos humanos y que ganó Medalla Colibrí -de IBBY Chile- por Ficción Juvenil en 2019; “Migraciones Un mundo en movimiento” de Sofía Montenegro y Claudia Silva, el que en 2017 también ganó la Medalla Colibrí en la categoría No Ficción Juvenil; y “Y llovieron ranas” de Sara Bertrand, sobre el cambio climático.

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