Un niño que comienza a inventar excusas para no ir al colegio, que deja de compartir con sus amigos o que presenta cambios repentinos en su comportamiento podría estar atravesando una situación de acoso escolar sin que sus padres lo sepan. Aunque muchas veces estas conductas se atribuyen a problemas propios de la edad, también pueden ser señales de que está sufriendo bullying y no se atreve a contarlo.

En el marco del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, la Dra. Miriam Pardo, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, advierte sobre las consecuencias que puede tener esta forma de violencia en el desarrollo emocional de niños, niñas y adolescentes.

“El bullying es violencia psicológica, física y social, que afecta considerablemente la autoestima de quienes lo padecen, influyendo negativamente en la seguridad emocional, así como en la construcción de la identidad”, explica la especialista.

La académica señala que muchas víctimas permanecen en silencio por vergüenza, temor a represalias o porque llegan a creer que merecen el maltrato que reciben. Por ello, identificar cambios en su comportamiento puede ser fundamental para detectar situaciones de violencia que no han sido comunicadas.

 

Las 5 señales que deberían alertar a los padres

1. No quiere ir al colegio. El niño puede comenzar a angustiarse cuando se acerca el inicio de la semana escolar, especialmente los domingos. Es frecuente que busque excusas para faltar a clases o manifieste dolores de cabeza, molestias estomacales y malestar general. Esto ocurre porque el establecimiento ha dejado de representar un espacio seguro y se ha convertido en un lugar que percibe como amenazante.

2. Cambios repentinos en el estado de ánimo. La irritabilidad, la rabia y los llantos frecuentes pueden reflejar un sufrimiento que el niño no logra expresar verbalmente. Estas emociones suelen manifestarse en el entorno familiar, donde se siente más seguro para exteriorizar aquello que no puede comunicar en el colegio.

3. Aislamiento y pérdida de interés por socializar. Dejar de compartir con amigos, evitar actividades grupales o preferir permanecer en casa pueden ser señales de alerta. Según Pardo, el acoso escolar puede deteriorar la confianza en los demás, especialmente en sus pares, provocando que la víctima se aleje de situaciones sociales por temor a experimentar nuevos rechazos.

4. Alteraciones del sueño y del apetito. Algunos niños pueden comenzar a comer en exceso debido a la ansiedad, mientras que otros pierden el apetito. También pueden aparecer pesadillas, dificultades para dormir, miedo a la oscuridad y molestias físicas recurrentes, como dolores abdominales o de cabeza. Estas manifestaciones pueden expresar un sufrimiento emocional que el niño todavía no consigue poner en palabras.

5. Bajo rendimiento académico y pérdida de autoestima. Las dificultades para concentrarse, la disminución de las notas y las expresiones negativas sobre sí mismos también deben llamar la atención. Frases como “soy tonto”, “nadie me quiere” o “para qué vivir” pueden reflejar un deterioro importante de la autoestima y sentimientos depresivos que requieren atención inmediata.

 

¿Qué hacer si sospechas que tu hijo sufre bullying?

Para la Dra. Pardo, el primer paso es abrir un espacio de conversación sin presionar al niño para que entregue explicaciones. Los padres deben mantener la calma, expresar preocupación y mencionar los cambios que han observado, evitando interrogatorios o reacciones desproporcionadas que puedan aumentar el temor de la víctima.

También es fundamental evitar frases como “tienes que defenderte”, “no les hagas caso” o “debes ser más fuerte”, ya que pueden incrementar los sentimientos de culpa e indefensión.

“Lo importante es señalar al hijo o hija que no tiene la culpa y que el bullying recae exclusivamente en los agresores, no en quien recibe la violencia”, enfatiza la académica.

Otra medida indispensable es contactar al establecimiento educacional y solicitar la activación de los protocolos correspondientes. La especialista advierte que no resulta adecuado exponer a la víctima a confrontaciones con sus agresores ni forzar instancias de reconciliación, porque el acoso escolar no debe tratarse como un simple conflicto entre compañeros.

Finalmente, recomienda fortalecer los espacios de confianza y pertenencia mediante el acompañamiento familiar, las amistades cercanas y, cuando corresponda, el apoyo psicoterapéutico.