Santiago, septiembre de 2026. Vicente estudia Electricidad en el Liceo Bicentenario Patricio Mekis en Padre Hurtado y, junto a su equipo, se propuso resolver un problema que ve a diario. «Muchas personas desechan las baterías y quedan ahí en la basura, con sus contaminaciones y todo», cuenta. Su respuesta fue una caja donde depositar baterías usadas para recargarlas y volver a usarlas. «La idea es que las personas con bajos recursos puedan tener baterías a menor costo», explicó.
En otra mesa, Kensley Belphonse, estudiante de Electrónica del Liceo Industrial Hardware de San Bernardo, trabajaba con su grupo en algo más ambicioso, un auto eléctrico capaz de cargarse solo y conducirse con inteligencia artificial, «sin necesidad de un conductor».
Ambas propuestas nacieron en el segundo Bootcamp de Innovación de eNOVA, programa impulsado por Fundación Chile con el apoyo de JPMorganChase, que reunió a más de 300 nuevos estudiantes de los 30 liceos técnico-profesionales de la Región Metropolitana que participan en el programa. Con ellos, ya son 740 los jóvenes y docentes que han pasado por esta experiencia.
La particularidad es que los problemas no los inventan los profesores. «Estos desafíos fueron creados con la industria. Hoy estos estudiantes están desarrollando prototipos que generan posibles soluciones a lo que el mundo del trabajo nos plantea», explica Susana Silva, líder Técnico Profesional de Fundación Chile.
Para varios de los participantes, la energía no es un tema indiferente. Agustina Vázquez, estudiante de Electricidad de del Centro Politécnico Particular de Ñuñoa, eligió su especialidad por una experiencia de infancia. «Vivía en un lugar donde muchas veces nos quedábamos sin luz. Poder trabajar con energías que se puedan producir y que uno tenga el control sobre eso me es muy importante, porque es algo que vivimos todos los días, principalmente en Chile, donde estamos expuestos a tantos desastres naturales», dice.
Agustina también sabe lo que es abrirse camino en un rubro dominado por hombres. «Me ha pasado muchas veces que gente, principalmente mayor, me pregunta por qué estoy estudiando una carrera de hombres», relata. Su consejo para otras jóvenes es directo. «Si a ti te gusta algo, lo puedes hacer. Lo que dice el resto es de la boca para afuera».
Algo similar vivió Paris Vázquez, estudiante de Mecánica Automotriz del Liceo Domingo Matte Pérez de Maipú. «Vengo de una familia con más hombres que mujeres y me costó un poco entrar a estudiar Mecánica Automotriz, pero como es una decisión mía y algo que me gusta a mí, me inscribí sola en el colegio», cuenta. Hoy, está orgullosa de su elección y reflexiona que «uno piensa que, siendo mujer, la van a mirar mal o la pueden excluir, y eso es mentira. Todo va en la disposición que uno tenga y en la pasión por lo que le gusta».
El programa no solo trabaja con estudiantes. Cada equipo es acompañado por un team coach, un docente capacitado por eNOVA, y ese aprendizaje ya está llegando a las salas de clases. «Las herramientas que nos entregaron nos han servido para generar nuevas dinámicas en el trabajo de clases. Con otros profesores del liceo hemos hablado de implementar este mismo bootcamp el próximo año para tercero medio», cuenta Fernando Miranda, profesor de Electrónica del Liceo Hardware de San Bernardo.
Para Miranda, el valor de la experiencia va más allá de lo técnico, señalando que «al estar en una comuna tan apartada, los chiquillos pueden sociabilizar con otros alumnos y enfrentarse a desafíos a los que en su día a día no están acostumbrados. Pueden romper una barrera de confianza».
La jornada incluyó además un espacio de Educa Sostenible, de la Agencia de Sostenibilidad Energética, donde los estudiantes vivieron una experiencia inmersiva de educación energética con realidad virtual.
La prueba de fuego llega en octubre
Los equipos seguirán afinando sus prototipos durante las próximas semanas para presentarlos en una feria con representantes de empresas y de la educación superior. Según Susana Silva, el objetivo es fortalecer la empleabilidad de los estudiantes y su capacidad de «presentarse como agentes de cambio en la transición energética de la Región Metropolitana, donde la demanda laboral es alta según el estudio ‘Fuerza Laboral asociado a los procesos principales de la Cadena de Valor Productivo del Sector Energía’ elaborado por el BID con apoyo del Ministerio de Energía. Se proyecta que el sector requerirá entre 12.000 y más de 27.000 nuevos trabajadores con perfiles técnico-profesionales y universitarios en la próxima década».
Para Alexis Oyarleque, del Colegio San Francisco Técnico Profesional de Las Condes, la oportunidad también es un mensaje hacia el sector productivo. «Me gustaría que las empresas confíen más en los colegios técnicos, porque los colegios se encargan de formar a los trabajadores que el país necesita», concluyó.





















