La proyección de escasez de combustible de aviación en Europa ha encendido las alertas en la industria aeronáutica, evidenciando la alta dependencia del petróleo y la vulnerabilidad de los sistemas de abastecimiento frente a escenarios geopolíticos complejos. La situación, vinculada al cierre del estrecho de Ormuz, ha generado un aumento en los precios de los combustibles y ha puesto en riesgo la continuidad de operaciones en algunas aerolíneas.
La Directora del Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dra. Laura Azócar, explicó que el problema se vuelve más crítico en el caso del combustible de aviación debido a sus exigentes procesos de refinación. “Actualmente varios países europeos no cuentan con plantas con la tecnología adecuada, lo que los obliga a importar jet fuel refinado, principalmente desde países del Golfo Pérsico”, indicó. Esta dependencia ha derivado en la proyección de escasez, incremento en el valor de los pasajes e incluso cancelación de vuelos.
En este contexto, la académica subrayó que esta crisis deja en evidencia dos aspectos centrales: la urgencia de avanzar hacia la independencia energética y la necesidad de contar con capacidades propias para asegurar el suministro de insumos estratégicos.
Frente a este escenario, los combustibles sostenibles de aviación (o SAF por las siglas en inglés de “Sustainable Aviation Fuel”) surgen como una alternativa concreta. “El SAF ofrece una clara oportunidad para prepararse frente a futuros escenarios de crisis energética. Puede utilizarse en mezcla con combustibles convencionales en vuelos comerciales y, además, es carbono neutral, lo que aporta tanto en términos ambientales como en seguridad energética”, explicó la Dra. Azócar.
La especialista advirtió que, en el caso de Chile, la totalidad del combustible de aviación es actualmente importada, lo que refuerza la necesidad de diversificar las fuentes de suministro. En ese sentido, destacó el potencial del país para producir SAF a partir de materias primas locales, como aceites de fritura, biomasa lignocelulósica, proveniente de residuos forestales y agrícolas, e hidrógeno verde.
“Chile cuenta con una alta disponibilidad de estas materias primas, además de una logística ya instalada para la recolección de aceites residuales y una industria forestal consolidada que genera residuos con potencial energético”, señaló la Directora del Centro de Energía UCSC. A ello se suma el desarrollo de energías renovables, que permite proyectar la producción de hidrógeno verde como insumo clave en estos procesos.
En el ámbito regional, la Dra. Azócar destacó que el Biobío reúne condiciones favorables para impulsar esta industria, tanto por su ecosistema industrial como por la formación de capital humano especializado. “Si se cuenta con el apoyo adecuado a los proyectos de investigación y desarrollo, es posible proyectar resultados concretos en la producción de SAF a nivel nacional”, afirmó.
En este contexto, la Universidad Católica de la Santísima Concepción, a través de su Centro de Energía, desarrolla actualmente tres proyectos orientados a la producción de combustibles sostenibles de aviación. Entre ellos destaca una iniciativa en conjunto con SKY Airline, basada en el uso de aceite de camelina, que constituye el primer acuerdo academia-empresa en Chile para la producción de SAF. A ello se suma un proyecto Fondecyt enfocado en el desarrollo de una biorrefinería de aceite de camelina para la generación de SAF y otros combustibles, y un proyecto Fondef orientado a la producción de bio jet fuel rico en compuestos aromáticos a partir de lignina kraft y aceite residual, mediante un proceso integrado de co-pirólisis e hidrogenación. Estas iniciativas reflejan el avance sostenido de la Universidad en esta línea, con foco en soluciones tecnológicas basadas en materias primas renovables y disponibles a nivel local.
En línea con estos avances, la Dra. Laura Azócar recordó que Chile se ha propuesto como meta alcanzar un 50% de reemplazo de combustibles tradicionales por SAF en vuelos comerciales al año 2050, lo que refuerza la necesidad de impulsar desarrollos tecnológicos como los que hoy se están ejecutando en el país.
En ese marco, la crisis actual en Europa no solo expone una debilidad estructural del sistema energético global, sino que también evidencia la oportunidad de acelerar la implementación de estas soluciones y avanzar hacia una mayor autonomía en el abastecimiento energético de la aviación.





















