Dr. Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios Universidad de Las Américas

La consolidación del hidrógeno verde como eje estratégico del desarrollo energético en Chile se ha instalado bajo una narrativa de urgencia y oportunidad histórica. Se le atribuye la capacidad de posicionar al país en la vanguardia de la transición energética, atraer inversiones y dinamizar economías regionales. Sin embargo, entre la magnitud de los anuncios y la materialización efectiva de los proyectos persiste una brecha que exige análisis riguroso: la distancia entre el entusiasmo y los tiempos reales de la infraestructura.

El despliegue de esta industria no depende solo de avances tecnológicos ni de la disponibilidad de recursos renovables. Su viabilidad descansa en infraestructura habilitante compleja: transmisión eléctrica robusta, puertos especializados, plantas de desalinización, redes logísticas y marcos regulatorios coherentes. Cada componente implica evaluación ambiental, permisos sectoriales, financiamiento estructurado y ejecución de obras que, en la práctica, se extienden por años, incluso décadas.

En este contexto, la promesa de una rápida consolidación industrial puede generar expectativas desalineadas con la capacidad real de implementación. La historia reciente de grandes proyectos energéticos y de infraestructura en el país muestra que los cuellos de botella —tramitación ambiental, judicialización, coordinación institucional y aceptación social— son estructurales. Ignorarlos no acelera su resolución; por el contrario, debilita la credibilidad de la política energética.

La tensión no radica en cuestionar la pertinencia del hidrógeno de bajas emisiones, sino en reconocer que su desarrollo exige una gobernanza del tiempo tan sofisticada como su base tecnológica. Acelerar la transición no es solo anunciar inversiones, sino fortalecer capacidades institucionales, anticipar conflictos territoriales y diseñar procesos de planificación de largo plazo que integren a múltiples actores.

Por lo anterior, resulta clave transitar desde una narrativa de inmediatez hacia un realismo estratégico. La ciudadanía demanda no solo certezas sobre los beneficios futuros, sino claridad sobre plazos, riesgos y condiciones habilitantes.

El hidrógeno verde representa una oportunidad de desarrollo país, pero su éxito no dependerá de la velocidad de los anuncios, sino de la coherencia entre lo que se promete y lo que efectivamente se puede construir. La pregunta que queda abierta no es si Chile puede liderar esta transición, sino si está dispuesto a alinear sus expectativas con los tiempos que exige la realidad.

 

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Equipo Prensa
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