Incorporar la mirada de la infancia en la planificación urbana, así como tomar decisiones en base a sus necesidades específicas, dejó de ser una aspiración teórica para convertirse en una necesidad concreta de política pública. Así lo plantea Corporación Ciudades con un enfoque que propone un marco de acción para avanzar hacia barrios más amigables con niños y niñas.
La apuesta surge de la experiencia del desarrollo del «Distrito de Innovación Social para la Niñez de Recoleta», impulsada junto a la Fundación Mustakis con el apoyo de la Municipalidad de Recoleta para la creación de barrios con infraestructuras y programas enfocados en las infancias, en el entendido de que el entorno barrial incide directamente en las oportunidades. El proceso nació de “Las voces del barrio”, instancias participativas para la comunidad que fijaron las urgencias para los vecinos.
Esta dimensión, sin embargo, aún no se incorpora de manera sistemática en los proyectos urbanos ni en los instrumentos de planificación. “Diseñar ciudades con enfoque de infancia no es un gesto simbólico, sino un criterio técnico que mejora el desempeño del sistema urbano en su conjunto. Cuando los barrios se planifican incorporando las necesidades de niños y niñas —en materia de seguridad, proximidad y calidad del espacio público— se eleva el estándar de habitabilidad para toda la población”, explica Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.
Para cerrar esa brecha, la organización propone siete principios que buscan reconfigurar la forma en que se conciben y gestionan los barrios. En primer lugar, se releva la importancia de consolidar entornos seguros y protectores, apuntando a la necesidad de reducir el riesgo mediante diseño vial calmado, cruces seguros y criterios de movilidad que prioricen a peatones y cuidadores. En segundo término, el enfoque promueve resguardar la recreación y el ocio en el espacio público, impulsando áreas que favorezcan el juego libre, la exploración y el desarrollo social en la vida cotidiana.
La propuesta también incorpora la participación incidente de niños y niñas en los procesos de construcción de sus barrios, reconociendo el valor de sus opiniones y experiencias. A ello, se suma el impulso de la conexión cotidiana con la naturaleza con más y mejores áreas verdes, junto con la promoción de prácticas de sostenibilidad y convivencia, como la gestión responsable de residuos y el reciclaje.
Por otra parte, se sugiere potenciar el sentido de pertenencia barrial, promoviendo la interacción social e iniciativas que destaquen la historia y pongan en valor la cultura para generar apropiación por parte de niños y niñas. En el mismo sentido, impulsar espacios de apoyo para familias y redes de cuidado a través de espacios y programas que impulsen el bienestar de este grupo.
“El barrio es el primer espacio de exploración autónoma y de interacción cotidiana para la infancia, por lo que su diseño debe responder a criterios de desarrollo integral y no solo a lógicas de movilidad o eficiencia funcional. El desafío ahora es traducir estos principios en decisiones concretas de planificación, diseño y gestión local”, agrega Andrade.
En esa línea, Domingo Errázuriz, director ejecutivo de Fundación Mustakis, destacó el rol público-privado y explicó que “el desarrollo de los territorios se logra cuando las instituciones trabajan con una mirada compartida, reconociendo el potencial de cada actor y articulando esfuerzos en torno a un propósito común: que niños, niñas y jóvenes crezcan en entornos que los inspiren a sacar su máximo potencial para sentirse parte activa de su comunidad».
Algunas de las propuestas que contempla el Distrito de Innovación Social para la Infancia en Recoleta incluyeron olimpiadas distritales, certificaciones y talleres ambientales, generación de rutas de interés, concursos de cuentos, implementación de nueva infraestructura, huertos, aulas al aire libre, refugios afectivos, y la restauración, intervención o activación de espacios característicos.
La iniciativa busca servir como insumo técnico para municipios, equipos de planificación, desarrolladores y tomadores de decisiones, en un contexto de creciente necesidad por avanzar hacia ciudades más equitativas, resilientes y centradas en la experiencia cotidiana de las personas desde las primeras etapas del ciclo de vida.
Experiencias similares en el mundo
Algunos proyectos desarrollados en distintos países sirven como orientación para comprender cómo integrar la niñez en el diseño de ciudades. En Filadelfia, Estados Unidos, se creó el “Urban Thinkscape”, un espacio vinculado a paradas de buses que combina juego con el aprendizaje a través de actividades. En Nueva York, en tanto, se diseñó “Ribbon”, una intervención que busca la conexión entre personas con una estructura interactiva que exhibe mensajes positivos y motivacionales enviados por la comunidad vía un código QR y que van cambiando.
En California se implementó un proyecto comunitario de transformación de basureros con mosaicos, logrando disminuir el grafiti y aumentar la apropiación del espacio público. Por su parte, en Kenia se desarrolló un programa que genera franquicias sociales para capacitar y apoyar a emprendedoras en la implementación de microempresas de cuidado infantil de calidad y sostenibles en sus hogares, mientras que, en Barcelona se impulsó “Queremos decidir”, una iniciativa orientada a fortalecer la participación de la infancia en decisiones que impactan a sus comunidades.





















