La pregunta no es solo cuánto cuesta el software, sino cuánto nos cuesta seguir siendo lentos. Imagine 500 postulantes para una vacante. Cada uno entrega un set de cinco documentos: CV, título, carnet, motivación y declaración jurada. En total, 3.000 páginas que deben ser leídas, validadas y comparadas contra un perfil de cargo.

Para un analista de selección, supongamos con un sueldo promedio entre $ 1.300.000 y $ 1.600.000, esta tarea es una maratón cognitiva. Si el analista dedica apenas diez minutos por postulante para una revisión de admisibilidad básica y avanzada (verificar documentos y evaluar experiencia), tardaría 83 horas hombre. Es decir, más de dos semanas de trabajo dedicadas exclusivamente a filtrar una sola vacante, sin contar entrevistas ni gestión. En términos de remuneración, ese filtrado le cuesta a la empresa cerca de $ 800.000 solo en tiempo profesional.

Aquí es donde la automatización cambia las reglas del juego. Usando una plataforma de orquestación de flujos, el costo de infraestructura es casi irrelevante: desde los US$ 5 mensuales si se opta por un servidor propio.

Pero el cerebro del proceso es la Inteligencia Artificial. Al delegar la lectura del análisis de esos 500 postulantes, el costo se reduce hasta menos de 30 dólares el proceso completo.

Automatizar no es solo ahorrar un 95% del costo; es liberar al analista del trabajo de «máquina» para que pueda enfocarse en lo que la IA aún no domina: la intuición en la entrevista final y la cultura organizacional (¿por cuánto tiempo más?). Pero, además, quienes no avanzaron en el proceso, pueden recibir de manera automática un aviso con los motivos y alguna recomendación, hecha por la misma IA en el proceso automático, mejorando con ello la reputación de la empresa o servicio. Entonces, ¿qué tanto cuesta automatizar? Cuesta infinitamente más barato que no hacerlo.

Manuel Reyes – Académico Facultad de Ingeniería U. Andrés Bello

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