En muchos colegios, los niños deben esperar hasta el recreo para ir al baño, sin considerar las consecuencias. Retener la orina por largos periodos puede causar infecciones, incontinencia e incluso problemas renales. ¿El acceso al baño debería ser una regla o un derecho básico en las aulas? ¿Es hora de replantear esta medida escolar antes de que genere consecuencias irreversibles?
ABRIL, 2025.- Marzo marcó la vuelta a clases. Los niños retomaron sus rutinas, las mochilas volvieron a llenarse de cuadernos y los recreos se convirtieron en el momento más esperado del día. Pero con el regreso a las aulas, también volvieron ciertas normas escolares que pueden parecer inofensivas, pero que tienen un impacto real en la salud infantil. Una de ellas: la restricción para ir al baño durante las clases.
Muchos recordamos esa sensación de urgencia en medio de una lección. Levantar la mano, pedir permiso, y, en más de un caso, escuchar un rotundo “no”. “Aguántate hasta el recreo” es una frase común en las salas, pero lo que para algunos adultos parece una simple norma de disciplina, para los niños puede convertirse en un hábito perjudicial para su salud.
Cuando aguantar deja de ser solo una molestia
No se trata solo de incomodidad. Retener la orina durante largos periodos puede provocar infecciones urinarias, algo particularmente común en escolares que, por vergüenza o miedo a interrumpir la clase, evitan ir al baño. Según Constanza Olivares, enfermera especialista en incontinencias pediátricas y subdirectora de salud de la Corporación Renal Infantil MATER ‒institución sin fines de lucro dedicada al diagnóstico y tratamiento de enfermedades urológicas y renales‒, la retención urinaria prolongada aumenta el riesgo de infecciones que, si no se tratan a tiempo, pueden avanzar hasta los riñones y derivar en complicaciones más serias como la pielonefritis.
Un estudio publicado en la revista Pediatrics reveló que alrededor del 15% de los niños en edad escolar presentan disfunción miccional, es decir, alteraciones en la manera en que vacían la vejiga, muchas veces como resultado de hábitos aprendidos, como aguantar demasiado tiempo. Y aquí es donde los colegios juegan un papel clave: si un niño constantemente pospone la ida al baño, su vejiga se acostumbra a estirarse más de lo normal, lo que puede llevar a incontinencia urinaria, escapes involuntarios o, en casos más graves, problemas crónicos en el funcionamiento del sistema urinario.
¿Qué dice la normativa?
El acceso al baño no debería ser un privilegio ni una herramienta de disciplina. En Chile, la Superintendencia de Educación establece que los establecimientos educacionales deben garantizar condiciones de higiene y seguridad para los estudiantes, lo que incluye acceso adecuado a baños. Además, en educación parvularia está prohibido condicionar la permanencia de los niños según su control de esfínteres, lo que refuerza la idea de que las necesidades fisiológicas deben ser atendidas sin restricciones arbitrarias.
Pero, a pesar de esto, muchos colegios siguen implementando reglas rígidas respecto al uso de los baños, lo que lleva a que algunos alumnos opten por evitar pedir permiso, generando hábitos poco saludables.
Es por esto que la kinesióloga especialista en piso pélvico infantil de MATER, Belén Sánchez, comenta que la clave está en encontrar un equilibrio entre el orden en la sala de clases y el bienestar de los estudiantes. Algunas recomendaciones incluyen:
– Flexibilidad en los permisos: No todos los niños pueden esperar hasta el recreo. Es importante que los docentes sean comprensivos y permitan las salidas al baño cuando sea necesario.
– Horarios miccionales: Para los más pequeños, establecer rutinas puede ayudar. Se recomienda que los niños vayan al baño en cada recreo y después de almorzar, evitando así la necesidad de interrumpir la clase.
– Baños accesibles y en buen estado: Un baño sucio o sin papel higiénico puede ser una razón por la cual los menores prefieren no ir. Garantizar condiciones óptimas es parte del deber de las instituciones. Es importante que sean de un tamaño adecuado (que los pequeños logren apoyar los pies y puedan sentarse en la taza sin hundirse), que exista un pestillo en buen estado, etc.
– Educación sobre hábitos saludables: Enseñar a los niños la importancia de escuchar su cuerpo y no retener la orina puede prevenir problemas de salud a largo plazo. Permitirles la ingesta de líquidos (agua idealmente) y promocionar una alimentación rica en fibras.
¿Y qué pasa con el estreñimiento?
Aunque el foco principal es la micción, hay otro problema que puede agravarse si los niños no pueden ir al baño cuando lo necesitan: el estreñimiento. Cuando un estudiante ignora la necesidad de evacuar, las heces se endurecen y el intestino se acostumbra a retenerlas, lo que puede derivar en un cuadro de encopresis, que es la evacuación involuntaria en la ropa. Esto no solo tiene consecuencias físicas, sino que puede afectar la autoestima y el bienestar emocional del menor.
Hay que entender que para los menores, el baño no es un capricho ni un descanso de la clase: es una necesidad básica. Permitir que los estudiantes vayan cuando lo necesiten no solo mejora su concentración y rendimiento, sino que también evita problemas de salud a corto y largo plazo.
Si los colegios realmente quieren priorizar el bienestar de sus alumnos, deben comenzar por algo tan simple –pero fundamental– como permitirles escuchar su propio cuerpo. Porque, al final del día, nadie debería pedir permiso para cuidar su salud.