Cuando hablamos de vacaciones, muchas veces pensamos que es un tiempo que hay que  organizar con actividades, llenar con panoramas o aprovechar al máximo. Sin embargo,  desde el enfoque de derechos y la crianza respetuosa, las vacaciones son un período  necesario para el bienestar emocional, físico y social de niñas y niños, reconociendo su  derecho al descanso, al juego y al cuidado. Descansar, jugar y sentirse cuidados no es un  privilegio ni un premio: es un derecho fundamental que debe ser garantizado por todas  las personas adultas. 

La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho de niñas y niños al  descanso, al esparcimiento, al juego y a participar libremente en actividades recreativas  propias de su edad. En este sentido, las vacaciones no deben entenderse como un premio  ni como algo condicionado al comportamiento o al rendimiento escolar, sino como una  oportunidad para salir de las exigencias cotidianas, bajar el ritmo y reconectar con aquello  que les genera placer, curiosidad y tranquilidad. Asimismo, este período favorece su  desarrollo integral, promueve su participación al considerar sus opiniones y refuerza su  derecho a crecer en entornos de cuidado, protección y buen trato, fortaleciendo también  los vínculos familiares. 

Durante el año, niñas y niños también se cansan. Enfrentan rutinas exigentes, cambios y  múltiples estímulos que pueden generarles una sobrecarga emocional. En este contexto, el  descanso en vacaciones cumple un rol protector, ya que favorece la regulación emocional,  el bienestar físico y la disposición para aprender y vincularse con otros. 

En este período, el juego y el ocio adquieren un valor fundamental. El ocio no es sinónimo  de inactividad ni de tiempo perdido. Por el contrario, es un espacio donde niñas y niños  pueden explorar intereses, crear, imaginar, aburrirse y volver a inventar. El juego libre, no  dirigido y sin objetivos impuestos, contribuye al desarrollo de su autonomía, creatividad y  confianza en sí mismos. 

Desde la crianza respetuosa, acompañar las vacaciones implica confiar en las capacidades  de niñas y niños para decidir cómo ocupar parte de su tiempo, escuchando sus intereses y  respetando sus ritmos. No se trata de llenar cada día con panoramas o actividades  planificadas, sino de ofrecer un entorno seguro y disponible, donde el juego, el descanso y  el ocio puedan darse de manera espontánea.

Las vacaciones también son una oportunidad para fortalecer los vínculos afectivos.  Compartir tiempo de calidad, como conversar, jugar, leer, cocinar juntos o simplemente  estar presentes, permite que niñas y niños se sientan escuchados, valorados y cuidados.  Estos momentos cotidianos no solo construyen seguridad emocional y sentido de  pertenencia, sino que también permiten crear recuerdos significativos en la vida de niñas y  niños, que los acompañarán a lo largo de su vida. 

Al mismo tiempo, es importante reconocer y validar que, para las personas adultas este  período, este periodo puede implicar un cansancio adicional y ser sumamente desafiante.  Los cambios de rutina, la presión por conciliar el trabajo con el cuidado y la mayor demanda  de tiempo y atención pueden generar agotamiento físico y emocional. Es importante  entender y reconocer este cansancio como algo legítimo y esperable: el agotamiento no  determina si eres mejor o peor cuidador/a. Aceptar esto, sin culpa, es clave para organizarse  de manera más realista, pedir apoyo cuando sea necesario y recordar que cuidar el propio  bienestar también es una manera de cuidar a los demás. 

Mirar las vacaciones desde el enfoque de derechos y la crianza respetuosa nos invita a dejar  atrás la idea de que deben ser perfectas o altamente productivas. Más bien, nos invita a entenderlas como un tiempo de cuidado mutuo, donde niñas y niños puedan descansar,  jugar y sentirse protegidos, y donde las personas adultas puedan acompañar desde la  empatía y el buen trato. 

Sabemos que, en la práctica, este período no siempre es fácil y que pueden surgir dudas,  tensiones o dificultades en la convivencia familiar. Por eso, invitamos a madres, padres y  cuidadores a buscar asesoría y apoyo cuando lo necesiten. Consultar, informarse y pedir  ayuda también es una forma de cuidar y cuidarse.  

Si tienes dudas respecto a este tema o a algún otro relacionado con crianza respetuosa,  puedes contactarte a Fonoinfancia de lunes a viernes de 8:30 a 19:00 horas. Llamando al  800 200 818 o ingresando a www.fonoinfancia.cl. Un equipo de psicólogas y psicólogos  expertos está disponible para acompañarte. 

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