La escuela enfrenta varios desafíos asociados al desarrollo de los jóvenes, lo que va desde cómo atender la masificación de las redes sociales y la salud mental, hasta la inclusión real o la búsqueda de la identidad en una sociedad cambiante. Todos estos elementos han construido el fenómeno therians, donde jóvenes se identifican de forma espiritual y/o física con animales y se disfrazan y actúan como ellos en entornos públicos, situación que no constituye una enfermedad mental, una nueva tribu urbana o una excentricidad juvenil, sino evidencia la formación de una identidad fomentada y alentada por las redes sociales, lo que, sumado a la falta del pensamiento crítico e interacción social física, ha encontrado muchos adherentes.

El fenómeno, visualmente identificable por el uso de máscaras y la imitación de comportamiento animal en espacios públicos, es fruto en parte de la viralización de movimientos en plataformas de redes sociales que rápidamente se masifican, sobre todo en jóvenes con menor interacción social, pensamiento crítico, neurodivergencia y otra serie de características donde se aprovecha la incomodidad con la sociedad actual. Esto se masifica más rápido cuando los algoritmos de recomendación van levantando la tendencia con cada “me gusta o likes”, lo que, en este caso, hace que cada día más jóvenes se unan a esta “manada”, la cual ya no es sólo virtual, sino que apreciable en las calles de América Latina y recientemente en Chile. Su rápida masificación se podría explicar, además, por la dependencia emocional e identitaria de querer pertenecer a un grupo.

En este contexto, los sistemas educativos se verán seriamente desafiados a atender esta tendencia, dado que debe mostrar su capacidad de inclusión y respeto a la diversidad, protegiendo a los estudiante de acoso; pero también, generar  pensamiento crítico, moderar el uso de redes y fomentar la socialización en términos realistas, manteniendo un entorno educativo funcional que privilegie el aprendizaje y que sea responsable en operar desde una realidad compartida y no sólo sesgada por un grupo.

La prohibición de uso de máscaras o de ejercer una conducta animal, no resuelve el comportamiento, dado que potenciaría la identidad de grupo de los therians, y a su vez, la inclusión no puede significar tolerar comportamientos disruptivos dentro del aula, dado que la inclusión pasa justamente por respetar las normas sociales humanas, generando un espacio que pueda ser seguro y donde el estudiante se sienta comprendido, pero a la vez, desafiado a crecer y respetar a los otros.

Este reto es amplio y sin duda será un tema complejo dentro de este año, por lo cual se hace necesario educar en torno a las redes sociales y la capacidad de análisis crítico que permita diferenciar entre la libre y genuina conexión espiritual con la naturaleza, versus, la performance dictada por la presión de un grupo o comunidad digital. Esto aplica también al acoso digital y otras realidades que hoy están condenando el uso de teléfonos en el aula, simplemente por que como sociedad no tuvimos la capacidad de regular. El aula debe ser un espacio donde los estudiantes aprendan a convivir, incluyendo sus fricciones, pero siempre cara a cara y bajo un debate racional, no sólo a través de una pantalla de cinco pulgadas y con identidades muchas veces inventadas.

Será importante proteger a los alumnos therians, definiendo su dignidad frente al acoso, pero también dotarlos de habilidades que les permitan no ser peones de una tendencia viral dictada por algoritmos, siendo capaces de conectar con su naturaleza, más allá del uso de simples máscaras.

Cristian Villegas Director Instituto de Educación y Lenguaje Universidad de Las Américas.

Google News Portal Educa
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Educa