La industria musical enfrenta riesgos que muchas veces pasan inadvertidos. Músicos, cantantes y equipos técnicos trabajan en entornos donde el volumen, la exigencia vocal y las condiciones acústicas pueden generar lesiones invisibles que afectan su salud y su desempeño profesional. Como fonoaudióloga, considero fundamental visibilizar estas problemáticas y promover una cultura de prevención en todos los espacios donde se produce música.

En el ámbito auditivo, los trabajadores de la música pueden estar expuestos a niveles superiores a 85 decibeles durante ensayos y pruebas de sonido, y en conciertos estos valores suelen llegar a 100 o incluso 110 dB. Esta exposición repetida aumenta el riesgo de desarrollar hipoacusia inducida por ruido, una condición que avanza de manera silenciosa y se caracteriza por la disminución de sensibilidad en frecuencias altas, además de síntomas como zumbidos, sensación de oído tapado o molestias auditivas persistentes.

A ello se suma la carga vocal propia de quienes utilizan su voz de manera profesional. El uso prolongado, la falta de pausas, la hidratación insuficiente y técnicas vocales inadecuadas pueden desencadenar fatiga vocal, disfonías funcionales o lesiones como nódulos o pólipos. Estas alteraciones pueden comprometer la continuidad laboral y la calidad interpretativa de cantantes, locutores, animadores y otros profesionales de la voz.

Las lesiones invisibles no afectan solo a los artistas. Técnicos de sonido, ingenieros, asistentes, managers y productores están también expuestos a altos niveles sonoros y a dinámicas laborales que requieren medidas de autocuidado. Por esta razón, la prevención debe ser un estándar transversal en toda la cadena de producción musical.

Para disminuir estos riesgos, es esencial incorporar prácticas preventivas como el uso adecuado de protectores auditivos, el monitoreo de los niveles de sonido, evaluaciones audiológicas periódicas, higiene vocal, calentamiento y recuperación vocal, además de una adecuada técnica y manejo del esfuerzo vocal. Estas acciones no solo protegen la salud, sino que permiten prolongar y optimizar la vida laboral de quienes trabajan en la industria musical.

El acompañamiento de un fonoaudiólogo aporta una mirada integral que beneficia tanto a artistas como a equipos técnicos, contribuyendo a detectar oportunamente alteraciones, prevenir lesiones invisibles y promover condiciones seguras de trabajo. El llamado es claro: la música puede seguir creciendo, pero con prácticas que cuiden la salud de todos quienes la hacen posible.

 

Yolanda Maldonado Aguayo
Directora de Fonoaudiología
Universidad Andrés Bello, Concepción

 

Google News Portal Educa
Síguenos en Google Noticias

Equipo Prensa
Portal Educa