Una red de apoyo sólida puede marcar la diferencia en el inicio de la vida universitaria, facilitando la adaptación y entregando mayor seguridad a los estudiantes, especialmente cuando las familias comprenden los desafíos del primer año y su rol en el acompañamiento. Se trata de un factor clave para favorecer la permanencia y enfrentar una etapa donde cerca de un 23,5% de los estudiantes abandona sus estudios.
El paso del colegio a la universidad es uno de los momentos más importantes en la vida de los jóvenes. Se trata del comienzo de una etapa que conlleva mayores exigencias y responsabilidades, muchas de ellas nuevas para quienes ingresan a la educación superior.
Esta transición implica desafíos más allá de lo académico: hay factores emocionales, sociales e incluso de construcción de identidad que emergen con fuerza durante el primer año de universidad. Para que este proceso sea más llevadero, es muy importante que los estudiantes de primer año estén acompañados.
“Las familias y las personas significativas cumplen un rol fundamental durante el primer año de universidad”, señala Leticia Araya, Vicerrectora de Apoyo Estudiantil de la Universidad de Santiago de Chile, Usach, institución que este año desarrolló una jornada para involucrar al entorno en esta nueva etapa de los jóvenes.
El Taller para Personas Significativas convocó a padres, familiares, parejas y amigos de los estudiantes para fomentar el ejercicio de una red de apoyo positiva durante su vida universitaria. “Ningún joven llega solo a la universidad: lo hace con una historia, con expectativas y una red que puede ser un soporte clave en su adaptación. Cuando esta red está informada y comprende todo lo que implica este cambio, se transforma en un factor protector que reduce la incertidumbre y favorece el bienestar”, comenta Araya.
De acuerdo con datos del SIES, la retención de primer año en la educación superior alcanza un 76,5%, lo que da cuenta de que un 23,5% de los estudiantes no continúa sus estudios en esa etapa. Este escenario refuerza la necesidad de fortalecer el acompañamiento temprano, donde la participación de familias y redes cercanas puede incidir de manera significativa en la permanencia y en una mejor adaptación a la vida universitaria.
Los beneficios de involucrar a las personas significativas superan el marco de lo estrictamente educativo, pudiendo lograr que la experiencia universitaria mejore de manera profunda. Para Leticia Araya, cuando el entorno cercano entiende las exigencias y características de esta etapa, se generan condiciones más favorables para el desarrollo integral del estudiante.
“Disminuye la ansiedad asociada al cambio, se ajustan mejor las expectativas y se fortalece la seguridad emocional, clave para enfrentar los desafíos académicos. Un estudiante que se siente comprendido tiene mayor capacidad de concentrarse, de persistir frente a la dificultad y de pedir apoyo cuando lo necesita”, añade.
Acompañamiento y continuidad educativa
Araya señala que el acompañamiento debe entenderse como parte de una trayectoria educativa continua, que conecta la experiencia escolar con el ingreso a la universidad. Esto permite abordar de mejor manera las brechas y desafíos del primer año, posicionando a la universidad como un actor clave dentro de una cadena formativa: “Se trata de generar espacios relacionales donde el estudiante pueda sostenerse, equivocarse, aprender y redefinirse en coherencia con su historia y su entorno”.
El Taller para Personas Significativas abordó también uno de los temas más sensibles para las familias: el acceso a beneficios estudiantiles. Durante la instancia se enfatizó la importancia de que el entorno cercano comprenda cómo operan estos apoyos y participe en decisiones clave, como el acceso a financiamiento, becas de alimentación y residencias, por nombrar algunos.
“El rol de las familias no es asumir las responsabilidades del estudiante, sino acompañar de manera informada y oportuna. Cuando conocen cómo funciona la vida en la universidad, los apoyos disponibles y los procesos que se deben cumplir, pueden ser un soporte clave para que los jóvenes tomen buenas decisiones, enfrenten con mayor seguridad esta etapa y mantengan sus beneficios en el tiempo”, afirma Maricel Zúñiga, jefa del Departamento de Beneficios Estudiantes de la Usach.
La institución ha impulsado además diversos programas de acompañamiento integral orientados al mismo objetivo. Entre ellos destaca “Usach Inicia”, una jornada de bienvenida diseñada para fortalecer la confianza de las y los estudiantes de primer año en su proceso de ingreso. La iniciativa contempla talleres de autogestión, dinámicas de integración, acompañamiento de tutores y orientación en ámbitos como la gestión del tiempo, la convivencia y la vida universitaria. En esta línea, la Usach proyecta ampliar este tipo de acciones como parte de su estrategia de permanencia estudiantil.
“A través de todas estas actividades, hemos observado que las redes informadas y comprometidas inciden positivamente en la permanencia y en la calidad de la experiencia universitaria, especialmente durante el primer año. Pero para que estas iniciativas sean efectivas deben formar parte de una estrategia institucional más amplia, orientada a fortalecer la permanencia, el bienestar y la experiencia universitaria del estudiantado, que es lo que la Universidad de Santiago impulsa mediante sus distintos programas de acompañamiento”, concluye Leticia Araya.





















