Columna de opinión Paola Durán Abril 2026
En los últimos años, Chile ha avanzado en políticas públicas y en potenciar el aporte de las mujeres en ciencia. Una de las iniciativas que refleja estos avances, y que además ha logrado una amplia valoración y aceptación social, es la Tabla Periódica de las Científicas Chilenas, propuesta desarrollada por la Biblioteca del Congreso Nacional, la cual busca reconocer y visibilizar las trayectorias de mujeres en ciencia en Chile, relevando referentes femeninos, fortaleciendo la equidad de género y promoviendo nuevas vocaciones científicas en las futuras generaciones.
Recientemente, se publicó la segunda versión de la tabla periódica de las Científicas Chilenas, en la que tres académicas de la Universidad de La Frontera ocupan un lugar destacado. Se trata de las doctoras María de la Luz Mora Gil, Priscilla Brebi Mieville y Paola Comparin, quienes dirigen líneas de investigación en las áreas de la ciencia del suelo, biomedicina y matemáticas, respectivamente, reconociendo así la capacidad de las regiones para producir ciencia de alto nivel con impacto nacional e internacional. Desde La Araucanía, estas investigadoras han desarrollado trayectorias sólidas, articulando investigación, formación de capital humano avanzado y vinculación con el entorno.
Las trayectorias de las doctoras Mora, Brebi y Comparin evidencian el compromiso con una ciencia de excelencia desarrollada desde las regiones, así como del aporte fundamental de las mujeres en la generación de conocimiento pertinente, con impacto territorial y proyección internacional. Desde la investigación en biorecursos y fisiología vegetal, pasando por la genética aplicada al cáncer, hasta el desarrollo de la matemática avanzada, sus aportes evidencian el impacto que puede tener la ciencia cuando se articula con las necesidades del entorno. Asimismo, su trabajo en formación y mentoría contribuye a abrir camino para nuevas generaciones que hoy observan en ellas referentes concretos. En este contexto, resulta especialmente significativo destacar la trayectoria de la Dra. María de la Luz Mora, quien, además de ser una destacada científica, hija ilustre de Temuco y recientemente reconocida por la Academia Chilena de Ciencias, ha sido una guía fundamental en la formación de capital humano avanzado. Su profundo compromiso más allá de los espacios académicos, han dejado una huella profunda en quienes hemos tenido el privilegio de aprender de ella. En lo personal, ha sido una figura clave y determinante en mi trayectoria, siendo en gran medida responsable de mi camino en la ciencia y ahora en un cargo directivo que desempeño con la misma pasión que ella inculcó en mi formación, reflejando así el importante rol de las mentoras en la formación de mujeres.
Si bien nuestro país ha avanzado de manera significativa en promover la participación de las mujeres en ciencia, estos logros conviven con brechas persistentes. Aunque su presencia en el sistema científico ha aumentado, esta tiende a disminuir a medida que avanzan en la carrera académica, especialmente en áreas STEM, en espacios de liderazgo y en la industria tecnológica. Esta realidad se vuelve aún más evidente en regiones, donde las oportunidades, redes y recursos son más escasos.
El desafío, entonces, es cómo transformar estos casos destacados en una base más amplia y sostenida de participación femenina en ciencia desde las regiones. Esto requiere fortalecer programas de formación temprana, generar incentivos para la permanencia en la carrera científica, promover condiciones laborales equitativas y consolidar ecosistemas de innovación que integren de manera efectiva a mujeres en todos sus niveles. En este contexto, contar nuevamente con una mujer liderando el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación constituye una señal relevante.
No obstante, la mirada es continuar avanzando en políticas públicas que aborden de manera estructural las brechas de género en ciencia, considerando las particularidades territoriales. Esto implica que junto con promover el acceso, se deben asegurar condiciones para la permanencia, el desarrollo y el liderazgo de las mujeres en el sistema, lo cual se torna más desafiante en universidades regionales, porque confluyen desafíos sociales, ambientales y productivos que deben estar altamente conectados con el territorio.





















