Los resultados de 2025 son una estocada más al fin del ciclo político de la transición. Durante dos décadas, el país funcionó bajo una hegemonía moldeada por el binominal, donde la Concertación y Chile Vamos ordenaban la política y contenían los extremos. Ese orden ya no existe. Hoy Chile opera bajo una nueva lógica tripolar que terminó de consolidarse con la primera vuelta.
La primera fuerza es la izquierda dirigida por Boric, Jara, el Frente Amplio y el Partido Comunista. En este bloque, la antigua Concertación perdió definitivamente su centralidad. La hegemonía progresista se trasladó hacia un polo urbano, educado y metropolitano, fuerte en la RM y Valparaíso, articulado en torno a derechos sociales y a la idea de un Estado activo. Es el Chile del Apruebo, consistente territorialmente, pero con dificultades estructurales para expandirse hacia sectores populares, rurales y evangélicos.
La segunda fuerza es la derecha conducida por José Antonio Kast. Chile Vamos también vio desfondada su hegemonía histórica: el liderazgo ya no está en la centroderecha liberal-conservadora, sino en una derecha popular, identitaria y conservadora. Kast es más grande que su partido y domina el sur agrícola, las comunas de menor ingreso, menor escolaridad y mayor presencia evangélica. Es el Chile del Rechazo, con un voto mucho más cohesionado, movilizado y extendido territorialmente.
La tercera fuerza es el espacio que abrió Franco Parisi, que no corresponde al centro moderado tradicional, sino a un centro anti-establishment, crítico de las élites, desconfiado del Estado y con fuerte presencia en el norte minero y en las capas medias empobrecidas. Es un electorado joven, móvil y decisivo, que no se reconoce en las categorías clásicas.
En este nuevo mapa, la Región del Biobío aparece como el territorio más singular: no sigue el patrón nacional. Allí Kast y Parisi compiten palmo a palmo, mientras Jara queda relegada, lo que transforma a la región en un termómetro adelantado de las tensiones del país.
De cara al balotaje del 14 de diciembre, Parisi emerge como el verdadero kingmaker. Jara enfrenta el desafío histórico de romper el techo del Apruebo, mientras Kast busca ampliar la base del Rechazo sin perder su identidad. La segunda vuelta no es solo un choque entre dos candidaturas: es la disputa entre las nuevas fuerzas que ya reconfiguraron la hegemonía política de Chile.
Lucas Serrano
Cientista Político y director de la carrera de Administración Pública
Universidad San Sebastián





















