Por Fundación Portas. 30 de marzo, 2026. En Chile, más de 362 mil jóvenes entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan, lo que equivale a un 14,2% del total, según la última Encuesta Casen. Aunque la cifra ha bajado en comparación con años anteriores, sigue por sobre el promedio de países OCDE.

Más preocupante aún es que cerca del 60% de estos jóvenes se encuentra inactivo “por opción”, sin razones observables como cuidado familiar o búsqueda activa de empleo. Esto abre una pregunta clave: ¿qué está fallando en las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes en Chile?

El origen del problema: trayectorias sin sentido

El fenómeno “nini” no es homogéneo. Si bien existe un grupo que busca empleo o enfrenta barreras estructurales, hay un segmento importante donde aparecen factores más complejos: Desmotivación o desaliento, experiencias educativas fallidas, falta de orientación vocacional, problemas de salud mental, desconexión con oportunidades reales.

Antes de que un joven deje de estudiar o trabajar, muchas veces ocurre algo menos visible: deja de encontrar sentido en su camino. Esto puede originarse en: Experiencias educativas poco significativas, falta de orientación vocacional, escasa conexión entre educación y mundo laboral o en la ausencia de referentes o redes de apoyo. 

Aquí es donde el problema deja de ser solo de acceso y pasa a ser de acompañamiento y continuidad, en donde las instituciones educativas y las familias cumplen un rol clave.

6 claves para reactivar a jóvenes que no estudian ni trabajan

  1. Fortalecer la orientación vocacional desde etapas tempranas

Muchos jóvenes egresan sin claridad sobre qué estudiar o en qué trabajar. Incorporar espacios de exploración vocacional en la escuela es clave para tomar decisiones informadas.

  1. Promover hábitos y disciplina desde el entorno familiar

El desarrollo de rutinas, responsabilidades y metas no ocurre de forma espontánea. Las familias cumplen un rol fundamental en transmitir la importancia del esfuerzo, la constancia y la autonomía.

 

  1. Conectar el aprendizaje con la vida real

Cuando los jóvenes no ven para qué sirve lo que estudian, aumenta la desmotivación. Vincular la educación con experiencias concretas —como proyectos, prácticas o mentorías— ayuda a dar sentido, crear motivaciones y objetivos. 

  1. Fomentar intereses, hobbies y talentos

Los espacios extracurriculares permiten descubrir habilidades, generar motivación y abrir nuevas posibilidades de desarrollo personal y laboral.

  1. Acompañar las transiciones críticas

El paso desde la educación media hacia la educación superior, o desde esta última hacia el mundo laboral, es uno de los momentos más frágiles. Sin apoyo, muchos jóvenes quedan fuera del sistema, o bien, logran ingresar pero no permanecer. 

6. Reconstruir la motivación y el proyecto de vida

El dato más crítico —jóvenes inactivos “por opción”— revela un problema más profundo: la pérdida de sentido. Reactivar trayectorias implica también volver a proyectarse en el futuro.

El rol clave de organizaciones sociales en Chile

Frente a este escenario, distintas organizaciones han demostrado que el acompañamiento personalizado puede marcar la diferencia.

Fundación Portas trabaja con jóvenes en contextos vulnerables a través de programas de acompañamiento integral que abordan tanto el acceso como la permanencia en educación superior, conectando formación con oportunidades laborales. Este tipo de iniciativas permiten romper ciclos de exclusión y reactivar trayectorias que parecían detenidas.

El desafío de los jóvenes “nini” en Chile no se resolverá únicamente con más cobertura educativa o empleo. La clave está en acompañar trayectorias, anticiparse a la deserción y reconstruir vínculos con el futuro.

En un contexto donde el desaliento crece silenciosamente, invertir en acompañamiento puede ser la diferencia entre la exclusión y una nueva oportunidad.

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Equipo Prensa
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