Hablar de patrimonio antes de los 35 años no es adelantarse innecesariamente a las preocupaciones de la vida adulta; es comenzar a construir con tiempo las bases de la libertad financiera. El tiempo es el activo más subestimado al invertir y el más poderoso.

Hoy, muchos profesionales jóvenes cuentan con oportunidades reales para invertir en propiedades, aunque no siempre lo saben. Desde la mirada bancaria, este segmento presenta un perfil atractivo: proyección de ingresos, estabilidad laboral y horizonte de largo plazo. Por ello, existen alternativas de financiamiento que permiten acceder a créditos de hasta un 90 % a 30 años. Si a esto se suman ciertas condiciones comerciales actuales, incluso es posible estructurar compras con un pie reducido pagadero en hasta 60 cuotas, antes o incluso después de la escrituración.

Esto abre una puerta para iniciar un portafolio de inversión mucho antes de lo esperado. Elegir correctamente la primera propiedad es clave, y ahí la asesoría especializada cumple un rol fundamental. Hoy, muchos gestores de inversión inmobiliaria operan bajo modelos de asesoría sin costo para el comprador, acompañando la búsqueda de la alternativa que mejor se ajusta a los objetivos personales y a la capacidad financiera real. La educación y guía que proporcionan, permiten iniciar un proceso de planificación de nuevas adquisiciones y generar un círculo virtuoso en las finanzas personales.

Quienes alcanzan independencia financiera antes de los 50 años suelen compartir un rasgo común: comenzaron temprano. Puede que esa edad hoy parezca lejana, pero la esperanza de vida en Chile aumenta sostenidamente, y personas de 90 o 100 años ya no son una excepción. En ese contexto, construir patrimonio con anticipación cobra aún más sentido.

Invertir a los 28 no es lo mismo que hacerlo a los 38. Esa década marca una diferencia clave, porque permite que el dinero trabaje durante más tiempo. Utilizar el sistema financiero de forma estratégica transforma inversiones relativamente pequeñas en resultados sorprendentes. Con el respaldo del banco es posible convertir el pie en un activo que genera plusvalía y renta en el tiempo.

Contrario a ciertos mitos, invertir en propiedades no restringe el estilo de vida; bien planificado, lo potencia. Darle un propósito concreto al dinero es una forma de ordenar prioridades y proyectarse con mayor seguridad. Con una visión clara, es posible estructurar ciclos de inversión progresivos, responsables y crecientes.

No depender de un sueldo para vivir es, en definitiva, una de las expresiones más genuinas del “lifestyle financiero”: elegir, anticiparse y construir estabilidad con tiempo.

Formar patrimonio no llega por azar, sino que se planifica, se cultiva y se aprovecha. Y no se requieren grandes sumas para empezar: basta con tomar la decisión.

Un último consejo: ganarle tiempo al tiempo. No convertir el mañana en un “quizás”. Hacer del hoy un “por fin comencé”.

Mariana Samarotto

Master Business Partner

Capital Inteligente

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