Chile está quedando muy bien posicionado para recibir infraestructura asociada a la IA —y en particular data centers— por una mezcla de factores que no se da tan fácil en otros mercados. Primero, energía: tenemos una base renovable cada vez más grande (solar y eólica ya son cerca de la mitad de la capacidad instalada) y, sumando el resto de las renovables, la matriz llega a alrededor de 70%. Eso es clave porque hoy un data center competitivo ya no solo mira precio, también mira huella de carbono y acceso a contratos de energía limpia de largo plazo. Además, Chile ya está sumando baterías (BESS) como solución de flexibilidad, lo que permite acercarse a un suministro más estable y 24/7.

Sin embargo, la demanda detrás de esto no es anecdótica: ya entra en la planificación del sistema. El Coordinador Eléctrico Nacional, en su proyección de demanda 2025–2045, incluye a los data centers como uno de los nuevos motores junto a desalación e hidrógeno verde, y estima que solo en 2025 la demanda del sistema puede haber subido entre 4,8% y 6,5% respecto de 2024 por la entrada de nuevos proyectos.

En esa misma mirada se menciona que el crecimiento también se ve impulsado por nuevos data centers (por ejemplo, desarrollos de Microsoft y Scala). Al aterrizarlos en números sectoriales, distintas publicaciones que recogen información del Coordinador estiman que la demanda eléctrica de data centers pasaría de ~325 MW en 2025 a ~1.207 MW hacia 2030, concentrándose mayoritariamente en la Región Metropolitana. Eso obliga a tomarse en serio los cuellos de botella: transmisión, permisos y gestión de punta. La oportunidad es grande, pero no es “enchufar y listo”: hay que planificar redes y flexibilidad al mismo ritmo que crece la inversión digital.

¿Y qué pasa con el cobre? El último IPoM es bien explícito: el Banco Central observa que el boom de la IA está empujando inversión en infraestructura y que, desde el lanzamiento de ChatGPT (noviembre de 2022), el gasto en construcción de data centers en EE.UU. se triplicó.

Además, en minutas citadas por el IPoM se cuantifica el vínculo material: el cobre es un insumo crítico en data centers por su rol en infraestructura eléctrica y en la gestión térmica, y usando una intensidad de 27 mil toneladas por GW se estima que la demanda anual implícita asociada a estos desarrollos podría llegar a 682 mil toneladas hacia 2030.

Para Chile esto tiene una lectura doble: es una oportunidad de capturar valor en una cadena global que se electrifica y se digitaliza a la vez, pero también una presión adicional sobre costos y tiempos de proyectos, porque el mismo cobre se lo están disputando la transición energética y la infraestructura digital. Al mismo tiempo, el Banco Central pone una nota de cautela: la adopción productiva de estas tecnologías aún es incipiente (solo una fracción de empresas las usa) y una corrección en expectativas podría golpear inversión y mercados.

En resumen, Chile puede ser un hub de “IA con energía limpia”, pero solo si el crecimiento de data centers se coordina con transmisión, almacenamiento y permisos. El Plan Nacional de Data Centers 2024–2030 apunta en esa dirección; la clave es ejecutar rápido manteniendo energía limpia y competitiva.

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Equipo Prensa
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