Darinka Radovic Académica investigadora Facultad de Educación Universidad de Las Américas

Mientras gran parte de la población sigue hablando de celebraciones, balances e inicio de un nuevo año, más de 300.000 jóvenes en Chile viven un proceso muy distinto. Para ellos y ellas, estas semanas no están marcadas por brindis ni vacaciones, sino por una decisión que suele presentarse como una de las más importantes de sus vidas: la elección de una carrera para continuar estudios superiores.

Las preguntas que acompañan este momento parecen personales¿Qué me gusta? ¿En qué soy bueno o buena? Estas interrogantes surgen en una conversación familiar, en una sala de clases o frente a un formulario de postulación abierto en el computador. Sin embargo, aunque tendemos a pensar que estas interrogantes son un acto personal, lo cierto es que emergen de cánones sociales y culturales.

Una de las variables que más influyen en la elección de una carrera son el sexo y el género. En Chile, la segregación profesional entre hombres y mujeres es evidente: mientras más del 70% de quienes estudian carreras de educación y salud son mujeres, más del 70% de la matrícula en ciencias, ingeniería y tecnologías corresponde a hombres.

Estas diferencias no se explican por habilidades ni rendimiento académico, sino a juicios preestablecidos sobre las distintas disciplinas. Algunas carreras se perciben más femeninas o masculinas, como ocurre con educación, especialmente Educación Parvularia, tradicionalmente vinculada al cuidado y, por lo tanto, asumida casi como una opción “natural” para las mujeres.

Elegir bajo estereotipos tiene costos: limita trayectorias personales y empobrece a disciplinas como la educación, las ciencias y las tecnologías, del aporte diverso de talentos, ideas y experiencias, reproduciendo desigualdades sociales.

Es por esto que periodos de admisión como los que estamos atravesando representan una oportunidad, no solo de definir el futuro profesional, sino de ampliar los márgenes de elección y con ello construir una sociedad más equitativa en donde las distintas áreas del conocimiento puedan ser accesibles sin brechas de género.

Porque ampliar horizontes no obliga a elegir distinto, pero sí permite elegir con mayor libertad.

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