Señor director:

A 15 años del inicio de los esfuerzos sanitarios y de infraestructura para sanear el río Mapocho, nos encontramos con un cauce donde ha vuelto la biodiversidad y en torno al cual es agradable pasear. Un río conectado por diversas infraestructuras verdes que permiten entenderlo como un corredor. Lo que durante años fue una barrera geográfica y sanitaria, hoy se consolida como un eje de integración social. Es fundamental destacar que este avance no es solo un logro de ingeniería o paisajismo, sino un acto de justicia urbana.
Históricamente, nuestra capital ha crecido de espaldas a sus recursos naturales, segmentando la calidad de vida según el código postal. Al transformar el cauce en un espacio caminable y recreativo, se rompe esa inercia. Un río limpio y accesible democratiza el derecho al ocio y a la naturaleza, permitiendo que ciudadanos de diversas realidades compartan un mismo estándar de infraestructura pública.

Sin embargo aún queda mucho por hacer, el éxito de esta transformación no debe darnos pie a la autocomplacencia. El desafío, además de asegurar un mantenimiento de excelencia, es sobre todo, replicar esta visión en otras zonas periféricas que aún carecen de áreas verdes dignas y en otras urbes de nuestro país que aún viven de espaldas a los cauces que las cruzan. Recuperar el río es un paso para entender que la ciudad debe ser, ante todo, un espacio de encuentro y no de división.

Daniel Schmidt Mclachlan
Decano Facultad de Arquitectura, Construcción y Medio Ambiente
Universidad Autónoma de Chile

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