Mientras el debate sobre inteligencia artificial en educación suele concentrarse en los riesgos y usos éticos de estas herramientas, una experiencia chilena está aportando evidencia concreta sobre su impacto en la sala de clases, posicionando la IA como un soporte técnico para fortalecer la práctica docente, como un observador complementario que amplifica el juicio profesional, sin reemplazarlo.
Se trata del programa Impulso Mentor, de Impulso Docente, organización que ha formado a casi 33 mil docentes, capacitado a 556 mentores y asesorado a 191 establecimientos educacionales, y que tiene como objetivo fortalecer la mentoría docente y directiva basada en evidencia observable en el aula.
Según datos del programa, los mentores que utilizan observación de clases apoyada en IA incrementaron en promedio en 16% la frecuencia de acompañamiento en aula, gracias al ahorro de tiempo que les genera. A nivel de sala de clases, se registraron mejoras de hasta 36% en el tiempo en tarea de los estudiantes y un aumento de 11% en la participación.
La innovación, explican desde Impulso Docente, no radica en evaluar o reemplazar al docente, sino en el uso de la IA como herramienta de apoyo al proceso de retroalimentación pedagógica. A través de la plataforma Sibme —de la cual la organización es representante exclusivo en países hispanohablantes desde 2018— y utilizando el sistema de observación Stallings adaptado, se graba un extracto de la clase y el sistema identifica prácticas observables, patrones pedagógicos y oportunidades de mejora.
Posteriormente, el mentor contrasta su juicio profesional con los datos generados por la plataforma, dentro de un ciclo estructurado de observación, planificación y retroalimentación, promoviendo entornos colaborativos y basados en evidencia para la mejora continua.
“La retroalimentación es muy relevante, pero en la práctica hoy en día ocurre poco, tarde y con poca evidencia. La observación es esporádica, el feedback es poco sistemático y tiene bajo impacto en la autoeficacia docente. Sin embargo, la evidencia muestra que una retroalimentación concreta mejora el aprendizaje, impacta en la innovación pedagógica y apuesta por la mejora sostenible del liderazgo docente”, explica Florencia Mingo, directora ejecutiva de la organización.
“Las decisiones pedagógicas siguen siendo humanas”
El modelo de mentorías de Impulso Docente presenta además efectos sostenidos en el tiempo: el 89% de los mentores continúa realizando mentoría tras egresar del diplomado, lo que sugiere una institucionalización de la práctica en los colegios. Estudios externos indican que el 76,6% de los participantes reporta mejoras en su práctica pedagógica, junto con avances en instrucción activa, gestión del tiempo y participación estudiantil.
“La tecnología nos permite ver dimensiones del aula que antes pasaban inadvertidas, pero las decisiones pedagógicas siguen siendo humanas”, señala Jacqueline Mercado, coordinadora académica de la Escuela Hernando de Magallanes de Punta Arenas y mentora formada en el programa.
Desde el programa advierten que la tecnología, por sí sola, no es suficiente. Los docentes valoran el ahorro de tiempo y la rapidez en el análisis, pero enfatizan la necesidad de tiempo protegido, formación continua y una cultura escolar que respalde la observación entre pares. “Los datos son un medio para mejorar, pero es la relación humana —basada en confianza y mentoría— la que permite sostener los cambios”, agrega Mingo.
Finalmente, desde Impulso Docente señalan que, en un contexto donde Chile busca elevar la calidad de su sistema educativo, la combinación de mentoría pedagógica e inteligencia artificial aparece como una herramienta estratégica, siempre que esté al servicio del liderazgo educativo y no como su sustituto.





















