El cambio de mando presidencial en Chile es una ceremonia que trasciende lo institucional para convertirse en uno de los rituales más simbólicos de la vida republicana chilena. Con cerca de dos siglos de historia, este acto representa la transmisión del poder político, pero también una tradición cargada de significados, símbolos y episodios que han acompañado la evolución del país.
El historiador Andrés Gooycolea, de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que los orígenes del cambio de mando en Chile se remontan al siglo XIX, cuando entre 1826 y 1875 los nuevos mandatarios juraban ante el Congreso Pleno en el antiguo Tribunal del Consulado. Con el paso del tiempo, la ceremonia se consolidó como uno de los actos más solemnes de la institucionalidad chilena.
“A mediados del siglo XIX, el rito adquirió una carga simbólica adicional al coincidir deliberadamente con el 18 de septiembre, vinculando la asunción presidencial con el aniversario de la Primera Junta de Gobierno y las celebraciones de Fiestas Patrias”, relata el historiador. Esta tradición terminó de institucionalizarse en 1841 bajo el gobierno de Manuel Bulnes. En ese periodo también se consolidó una práctica que perdura hasta hoy: el discurso de balance final del presidente saliente ante el Congreso Nacional antes de entregar el mando.
Entre 1876 y 1973 la ceremonia tuvo como sede principal el edificio del ex Congreso Nacional. Sin embargo, distintos eventos obligaron en ocasiones a trasladar el acto a otros lugares. “En 1895, por ejemplo, un incendio en el Congreso llevó a que la investidura de Federico Errázuriz se realizara en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile. Tras el terremoto de 1906, la asunción de Pedro Montt debió efectuarse en el salón de actos del Colegio de los Sagrados Corazones”, describe Andrés.
Simbolismos patrios
El cambio de mando presidencial también está marcado por símbolos que refuerzan la continuidad republicana. “Entre los más importantes se encuentran la banda presidencial tricolor y la denominada Piocha de O’Higgins, considerada el emblema más representativo de la autoridad presidencial”, señala Gooycolea.
Durante la ceremonia, el presidente del Senado recibe la banda presidencial del mandatario saliente para imponérsela al presidente electo, mientras que la Piocha de O’Higgins se coloca sobre el pecho como gesto simbólico de transmisión del poder del Estado. “Esta joya —una estrella de cinco puntas— también ha estado rodeada de anécdotas: en las investiduras de José Manuel Balmaceda en 1886 y de Arturo Alessandri en 1920 se desprendió durante la ceremonia, hecho que muchos interpretaron como un presagio de crisis políticas”, destaca el historiador de Extensión Cultural de la Uandes.
La insignia que se utiliza actualmente no es la original, ya que esta se perdió durante el bombardeo al Palacio de La Moneda en 1973. Desde entonces se utiliza una réplica de la Piocha de O’Higgins que mantiene viva la tradición de este símbolo.
“Recién en los años 90, con el retorno a la democracia en Chile y la asunción de Patricio Aylwin, el cambio de mando presidencial quedó fijado definitivamente el 11 de marzo, fecha que desde entonces marca el inicio de cada nuevo ciclo presidencial en Chile”, concluye el historiador.





















