Este 1 de abril fue publicada en el Diario Oficial la Ley de Convivencia Escolar, normativa que refuerza la obligación de los establecimientos educacionales de promover el buen trato, prevenir la violencia y fortalecer el bienestar en las comunidades educativas. La medida responde a un contexto marcado por graves episodios de violencia escolar y un creciente desgaste emocional en los equipos docentes, fenómeno que especialistas califican como estructural.

Para el Dr. Óscar Nail Kroyer, director del Magíster en Convivencia Escolar de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigador en el Biobío del programa del Ministerio de Educación “A Convivir se Aprende” (2023-2025). “Lo que se observa es un aumento de la violencia entre estudiantes en la mayoría de las escuelas del país. Alrededor de un 69% de las situaciones identificadas implican violencia entre pares”, advierte.

¿Qué establece la nueva Ley de Convivencia Escolar?

La nueva normativa exige a los establecimientos educacionales implementar planes de gestión de convivencia, establecer protocolos claros para abordar situaciones de acoso y conflicto, fortalecer estrategias de prevención y promover el bienestar integral en las comunidades escolares.

La iniciativa fue impulsada por el Colegio de Profesores tras el fallecimiento de integrantes de comunidades educativas que decidieron quitarse la vida luego de enfrentar situaciones de acoso. Recientemente, el asesinato de una inspectora general en Calama por parte de un estudiante volvió a instalar el debate sobre violencia escolar en Chile.

El desgaste de los profesionales de la educación

Más allá de casos de alta connotación pública, el diagnóstico apunta a una crisis más profunda. Según el Dr. Nail, además del aumento de violencia entre estudiantes, existe un desgaste significativo en equipos de gestión, docentes y asistentes de la educación.

“El aula se ha convertido en un espacio con menor interacción social. Hay menos diálogo, menos preguntas, menos intercambio entre estudiantes. Esa baja interacción dialógica impacta directamente en la convivencia, porque convivir también implica conocerse”, explica.

Según el académico del Magíster en Educación. A esto se suma una sobrecarga laboral que limita la posibilidad de abordar integralmente las problemáticas emergentes. “En establecimientos públicos, más del 75% de la carga horaria docente corresponde a horas lectivas, dejando escaso margen para entrevistas individuales, trabajo con familias o acompañamiento socioemocional. Para atender la salud mental de estudiantes y profesores se requieren más horas no lectivas, más equipos psicosociales y un trabajo colaborativo que hoy no siempre está disponible, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad”, enfatiza el Dr. Nail. 

Una mirada desde las salas de clase 

Desde la experiencia en terreno, docentes coinciden en un conjunto de dificultades estructurales que enfrentan hoy en día en las aulas. Para Yasna Hidalgo, profesora de Educación General Básica de la Escuela F-634 de Florida, “la sobrepoblación de estudiantes por sala, el poco o nulo apoyo en casa de padres o tutores, que se evidencia más aún cuando los niños van creciendo y es cada vez menor el acompañamiento en su proceso de aprendizaje; y la falta de recursos fungibles y tecnológicos”, son los principales escollos. 

Consultada sobre si los establecimientos hoy están preparados para hacer frente a los conflictos, la también educadora diferencial menciona que, “en la práctica deberían estarlo, sin embargo en la realidad, y con todos los hechos que han ocurrido con esta divergencia tan grande de diagnósticos en niños y jóvenes, no estamos preparados para atender estas necesidades en escuelas regulares (aunque exista proyecto PIE) para ello se requieren escuelas o cursos especiales para poder atender mejor las necesidades educativas de todos los jóvenes del espectro autista. Y también mejorar la educación de los padres con respecto al tema. Ya que muchos se niegan a aceptar estos diagnósticos en sus hijos”.

Karen Sagredo, educadora diferencial del Colegio Etchegoyen de Talcahuano, también coincide en que la sobrepoblación en las salas es una dificultad, la profesional menciona además, el  escaso respeto hacia la figura de los docentes o adultos que trabajan en la comunidad escolar. “Si bien es un avance el tener una relación más cercana con el estudiante y no ver al profesor como una figura de terror como antes, el respeto se ha ido perdiendo, considerando que es una guía fundamental en el proceso educativo, y es difícil cuando desde el hogar no se proyecta esto, el respeto mutuo y el trato digno hacia los docentes”. 

Sagredo también advierte sobre el impacto del acceso desregulado a internet fuera del contexto escolar. “Muchos estudiantes están expuestos a contenidos no adecuados para su edad, lo que influye en la falta de hábitos de estudio y organización, lo que se replica directamente en el aula”.

Convivencia educativa en contextos diversos

Para Fernanda Toledo, psicóloga y coordinadora de convivencia escolar del Centro de Educación Integrada de Adultos (CEIA) Quimahue de Cañete, la convivencia escolar no es solo un problema de manejo de conflictos, sino una dimensión integral y compleja del proceso educativo que requiere atención inclusiva y contextualizada.

“En el CEIA Quimahue trabajamos todos los días, con jóvenes y adultos, hombres y mujeres, de entre los 14 y los 70 años, que provienen de distintas comunas de la provincia de Arauco y quienes además, en muchos casos, llevan fuera del sistema por décadas. Ya no se trata solo de enseñar, sino también de acompañar, contener y generar espacios seguros para aprender”, menciona Fernanda. 

“Docentes y asistentes educacionales enfrentan conflictos entre estudiantes, desregulaciones emocionales y dificultades de comunicación que muchas veces impactan directamente en el aula. Por eso es clave fortalecer una convivencia educativa más preventiva, formativa y colaborativa, donde todos los actores de la comunidad tengan un rol activo”. En este sentido, destaca la importancia de activar protocolos con una mirada de cuidado, respeto, responsabilidad y aprendizaje, articulando acciones con los equipos educativos y psicosociales disponibles.

Formación continua: clave para enfrentar los nuevos desafíos

Para el Dr. Nail, las dificultades que enfrentan las comunidades no se resuelve únicamente ampliando contenidos en la formación inicial docente. “Es imposible que el currículum inicial contemple todas las situaciones que enfrentarán los profesores a lo largo de su carrera. Si hoy el foco es convivencia digital, violencia o salud mental, necesitamos un sistema robusto de educación continua”, sostiene.

El académico plantea que esta formación debe ser parte de una política pública sostenida y gratuita, especialmente para docentes del sistema público. “No puede depender de la capacidad individual de pagar cursos o diplomados. Es responsabilidad del Estado asegurar que los profesores estén actualizados frente a los fenómenos emergentes de la sociedad”.

Desde esta perspectiva, los programas de postgrado especializados en convivencia escolar y bienestar educativo adquieren un rol estratégico, al aportar investigación, herramientas de intervención y formación avanzada para abordar contextos educativos cada vez más complejos. 

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Equipo Prensa
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