Manuel Reyes – Académico Facultad de Ingeniería U. Andrés Bello
El despliegue de Latam-GPT ha generado un entusiasmo que el rigor técnico obliga a filtrar. Seamos claros: no estamos ante un «nuevo motor» de IA, sino ante un reentrenamiento sobre la arquitectura de una plataforma ya existente. Sin embargo, para la minería chilena, este ajuste regional ofrece una ventaja táctica que Silicon Valley ignora por diseño: la sintonía con la data local.
Mientras los modelos generalistas se marean con términos como «chancado», «acuñamiento» o «relave», Latam-GPT ha sido alimentado con el lenguaje técnico y legal del Cono Sur. Esto reduce las «alucinaciones» al procesar reportes de tronadura o procedimientos de seguridad, donde una mala interpretación semántica es un riesgo crítico. Pero el potencial va más allá de la operación: en una negociación colectiva, este modelo puede analizar décadas de actas de sindicatos y convenios anteriores para identificar puntos de fricción, traduciendo demandas históricas en escenarios predictivos que una IA extranjera simplemente no vería (aunque habría que ver indicadores de mejora).
Esto es importante: el valor central reside en la gestión privada de la información. Al ser un modelo abierto, las compañías tienen la posibilidad de ejecutarlo en su propia infraestructura, permitiendo que las bitácoras de turno y los planes de explotación se procesen de forma interna. Esto facilita que el conocimiento técnico que hoy está disperso en documentos antiguos o reportes del Sernageomin se transforme en un activo digital consultable, resguardando la propiedad intelectual de la faena. Sin embargo, al no ser software o plataformas bailables, no podrían intervenir en planificación o estimación de recursos y reservas según códigos de evaluación de yacimientos.
Latam-GPT representa un paso valioso hacia una tecnología que reconoce nuestra identidad técnica y legal. No obstante, nos plantea un desafío mayor: la oportunidad de integrar nuestra experiencia minera en un modelo que, aunque hable en nuestro idioma, depende de una base tecnológica externa. Pero es un tremendo avance, concreto y aplicable.


















