El modelo de fiscalización tributaria en Chile ha experimentado una transformación radical, desplazando el tradicional enfoque de auditorías presenciales y revisiones selectivas hacia un sistema de fiscalización algorítmica y predictiva. En este nuevo paradigma, el Servicio de Impuestos Internos (SII) ha dejado de ser un receptor pasivo de formularios para convertirse en un procesador activo de Big Data, donde la inteligencia artificial (IA) actúa como el motor principal para detectar brechas de cumplimiento en tiempo real.

El núcleo de esta evolución reside en el uso de facultades extraordinarias otorgadas por las recientes reformas legales, las cuales permiten al organismo realizar cruces masivos de datos con una precisión sin precedentes. Hoy, el SII no solo analiza las declaraciones de renta o IVA; procesa simultáneamente información proveniente de pasarelas de pago (como Transbank o Mercado Pago), instituciones bancarias, registros de propiedad, movimientos de comercio exterior y plataformas digitales de servicios. Esta capacidad de interconexión permite que los algoritmos de IA identifiquen patrones de comportamiento, detecten anomalías en el flujo de caja y señalen inconsistencias entre el estilo de vida de un contribuyente y sus ingresos declarados, todo de manera automatizada.

Un punto crítico en esta modernización es el monitoreo de los movimientos bancarios y medios de pago electrónicos. Gracias a la integración de sistemas, el SII puede recibir alertas tempranas cuando el volumen de transacciones en cuentas personales que no poseen inicio de actividades sugiere una explotación comercial encubierta. Este control en tiempo real elimina el desfase temporal que antes permitía la informalidad prolongada, obligando al contribuyente a justificar el origen de sus fondos casi de forma inmediata.

La utilidad de esta tecnología es clara: reduce drásticamente los espacios de evasión y elusión. Al masificar la fiscalización a través de modelos de riesgo, el SII puede segmentar a los contribuyentes con mayor eficiencia, dirigiendo sus recursos humanos a casos de alta complejidad mientras el sistema algorítmico gestiona el cumplimiento de la gran masa de la población. Para el contribuyente, esto se traduce en propuestas de declaración cada vez más completas, pero también en un riesgo mucho mayor al omitir información, ya que la «huella digital financiera” es hoy prácticamente imborrable para el fisco.

La fiscalización algorítmica representa el fin de la fiscalización basada en el papel y el inicio de una era de transparencia absoluta. Para profesionales del área contable y auditora, este cambio demanda una transición hacia la contabilidad preventiva, donde el análisis de datos propio sea igual de riguroso que el del ente fiscalizador, asegurando que la información reportada por terceros coincida plenamente con la realidad del negocio.

Carlos Montero Académico Carrera de Contador Auditor Universidad de Las Américas.

 

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